Cómo dar clases y no frustrarse en el intento

Opinión Por: Luciana Taborda

Si hiciéramos un listado de preguntas frecuentes en el aula nos encontraríamos con la curiosa casualidad de que hay una que se repite de manera constante. El “para qué” se ha convertido en un interrogante infaltable en las clases, y en un modo por el cual los alumnos pueden hasta dejar mudos a sus docentes.

Las dos palabras que encierra esta pregunta son largadas hacia el pizarrón, muchas veces de manera inquisidora, y es ahí cuando las habilidades del profesor se ponen en juego para, no sólo receptar el lanzamiento, sino devolverlo con astucia.

Algunos se limitan a la liviandad del “porque sí”, como si emularan las escuetas participaciones de sus estudiantes, suponiendo que una respuesta breve a una pregunta de igual extensión es lo que ellos están buscando. Otros justifican con el programa en mano, y la devolución siempre parece fundamentar, casi con obviedad, el motivo de dicho aprendizaje. También están aquellos que actúan con maestría, que siempre encuentran las respuestas indicadas para cada pregunta; porque, en verdad, estas cuestiones se repiten año tras año y la propia experiencia les ha dado las herramientas necesarias. Y, por último, están los que reaccionan de manera espontánea: al comienzo, algo desorbitados, observan a ese alumno que lanzó la bola de fuego, como si buscaran en su mirada el argumento adecuado; luego se aventuran a formular una devolución capaz de calmar la inquietud, sin apagarla del todo. Se toman su tiempo, claro, pero son capaces de sacar de la galera una respuesta a medida.

Muchas veces se buscan discursos que conformen, cuando lo importante es encontrar palabras que formen y que se constituyan en cimientos de esos sujetos que, si preguntan, es porque hay algo que comienza a movilizárseles dentro. Si la esencia del educador debe ser, ante todo, “hacer emerger el deseo de aprender”1 (Merieu, 2007), entonces la pasión no puede ser dejada en casa. Debe llevarse consigo al aula para que los motivos del aprendizaje se conviertan en motivaciones del saber. Porque en la educación está impregnada esa misión liberadora de enseñar a pensar distinto, de ser capaz de ir al revés del mundo; de animarse a disentir y a levantar la mano para opinar y no para conformar. Para ello, hay que empezar a ver que el mejor conocimiento no es aquel que es impartido, sino aquel que se comparte y que encuentra su respaldo todos los días en una pregunta respondida.

Hay docentes que subestiman a sus alumnos y, en vez de fomentar su potencial, lo achatan con lecturas aburridas, pasadas de moda y la repetición de versitos pegajosos. O profesores que todavía buscan a ese estudiante perfecto y arman su clase para un destinatario que todavía nadie ha encontrado. Hay educadores que se olvidan de que una lección sin alma no transforma y se empecinan por marcar el error con lapicera roja sin ver por qué esa nota no pudo ser verde.

Estamos bastante mal si creemos que con más escuelas vamos a tener más chicos estudiando. Si no empezamos por pensar qué buscamos en esa educación y qué pretendemos de esos educandos; cómo hacemos para que encuentren sentido en el 2+2 y tengan ganas de ir por más. Hace falta dejar que los “para qué” interpelen, de modo tal que no se pierda su poder movilizador.

Quizás hoy, más que nunca, enseñar sea un desafío constante entre lo que se debe hacer y lo que se hace; entre las ganas de cambiar el mundo y el sistema que boicotea las semillas plantadas, entre la energía invertida y un sueldo que no alcanza; entre una educación que demanda tiempo y esfuerzo y un mundo que valora lo inmediato y prioriza lo fácil.

Sí, tal vez a un futuro abogado las ecuaciones y fracciones algebraicas no le “sirvan” para nada; pero el sólo hecho de que haya algo en su interior que se movilice, que crezca y que le despierte interrogantes, ya es una buena excusa para abrirle la puerta al conocimiento.

Fuente: 1 Merieu, Philippe. Es responsabilidad del educador provocar el deseo de aprender en Cuadernos de Pedagogía N°373, Noviembre de 2007.


One thought on “Cómo dar clases y no frustrarse en el intento

  1. Reblogueó esto en suearlyy comentado:
    La esencia del educador es despertar y hacer emerger el deseo de aprender..
    La pasion juega un papel fundamental …..El descubrir y convalidar por las evidencias…!
    Encontrando mejores resultados sobre el ensayo error y sus modificaciones ….

    Me gusta

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