Las Nuevas Tecnologías y el Empleo

Por: Alfredo Guillermo Della Puppa

La tecnofobia puede referirse a dos tipos diferentes de condiciones: el miedo a la tecnología o el antagonismo hacia los avances tecnológicos.

En el primer caso, la tecnofobia puede causar ansiedad y molestia cuando cualquier persona entra en contacto con la tecnología, como las computadoras. El segundo tipo de tecnofobia puede albergar sentimientos de hostilidad hacia los cambios que la tecnología ha introducido en la sociedad.

Un miedo generalizado que produce la tecnología puede crear ansiedad y frustración en las personas que tienen tareas que les obligan a interactuar con la tecnología y que se sienten incómodos de usarla.

Otro miedo actúa directamente en situaciones como: “¿Por qué habrían de contratarme si una computadora puede efectuar mis labores con igual eficiencia y sin necesitar de vacaciones ni recesos?”, se pueden preguntar muchos trabajadores temerosos a ser sustituidos por un robot.

Desde inicios del siglo XXI aproximadamente, el impacto del cambio tecnológico sobre la economía en su conjunto, y sobre el empleo en particular, se estudia cada vez con más frecuencia e intensidad en los principales centros académicos de renombre internacional. Y acá trataremos de aportar con una mirada.

Para tranquilidad de los trabajadores, varios expertos coinciden en que, lejos de perjudicar la fuerza laboral, las nuevas tecnologías son generadoras de empleo y grandes aliadas para profesionales de diversas áreas.

Es imprescindible ayudar a los trabajadores que se sienten reemplazados por la evolución tecnológica a capacitarse en las llamadas habilidades blandas (inteligencia emocional, empatía, capacidades comunicativas, creatividad, ética laboral), áreas en la que los computadoras nunca podrían competir con el trabajo del hombre.

Las nuevas tecnologías son una fuente permanente de generación de trabajo, especialmente en las áreas de la informática, la comunicación y las ciencias de la salud.

Las nuevas tecnologías sólo podrían perjudicar a aquellos que se nieguen a capacitarse para poder manejarlas y así incorporarlas a su trabajo cotidiano.

Sin embargo, las nuevas tecnologías ponen de manifiesto su capacidad para transformar, en mayor o en menor medida, el trabajo humano, en todas las ramas de la actividad económica en las que se las utilizan.

La intensidad del trabajo depende de la organización y contenido del trabajo, pero también de la relación inversión salarial / inversión tecnológica. También confluyen en este razonamiento, la duración de la jornada de trabajo en función de la legislación, de las negociaciones colectivas, la organización de la producción y de la infraestructura disponible.

Entonces, el incremento de la productividad ¿se debe a la implantación, adecuación y difusión de las nuevas tecnologías inmersas en los medios de producción?, o ¿por causa de la gran dimensión de la producción y sus tasas de crecimiento, se apela a las nuevas tecnologías en la organización de la producción?rueda

La realidad concreta muestra con evidencia que sea cual fuere ese resultado, son muchos los efectos directos sobre el empleo, según sean sus aplicaciones, la dimensión de las empresas y también el tipo de país en el que ocurra este proceso.

Si bien a nivel de las empresas y organizaciones, las nuevas tecnologías pueden dar lugar a la lectura de la destrucción de puestos de trabajo y eliminación de empleos, también pueden generar otros puestos de trabajo y requerir la reconversión de la fuerza de trabajo desplazada o el reclutamiento de nuevos trabajadores.

Este doble movimiento de destrucción / creación de empleos, puede darse en períodos diferentes o incluso al mismo tiempo, pero cuando se lo observa no siempre se hace sistemáticamente, ni al final de un balance global, para estimar su “efecto neto”. Así, por lo general, cuando se busca evaluar el efecto de la introducción de las nuevas tecnologías en las empresas, solamente se presta una atención prioritaria a la contabilización de la eliminación o transformación de los puestos de trabajo que operaban con las tecnologías convencionales.

Las nuevas tecnologías no pueden ser consideradas como los únicos factores generadores de más o menos empleos. Esto nos haría desconfiar o rechazar sistemáticamente el cambio científico y tecnológico en nombre de la defensa del empleo. El razonamiento deberá tener en cuenta por una parte los aspectos macroeconómicos, políticos y humanos del problema, ya que, para que se lleve a cabo de manera exitosa un proceso de reconversión económica no basta con formular políticas, hacer inversiones e incorporar nuevas tecnologías. Por otro lado es necesario contar también con la activa y responsable participación de los trabajadores, de los empleadores, de sus organizaciones y del Estado, en su conjunto.

Lo que viene, exige desarrollar elementos para hacer un intento preliminar de formalizar las diferentes relaciones existentes y las futuras, entre las nuevas tecnologías, el empleo y los trabajadores.


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