EL LIDER BONDADOSO

el lider Ralph-Nader

Los modelos actuales de administración consideran que la bondad debe estar presente en la organización traducida en valores como: amor, compromiso, lealtad, solidaridad, comprensión, prudencia, paciencia, generosidad, alegría, ecuanimidad, pero sobre todo respeto y gratitud, todo esto teniendo como base la regla de oro de las relaciones humanas: “No le hagas a los demás, lo que no te gusta que te hagan a ti”.

El líder y/o los tipos de liderazgos que elija tener cada organización, es determinante para arraigar las virtudes y los valores, fortaleciendo así las características de calidad como manera de ser de los miembros que la conforman. Lo cierto, es que el liderazgo nace realmente en la familia y se extiende a las demás organizaciones humanas a través de individuos bien formados en el bien ser y en el bien hacer.

Sin embargo, “se cosecha lo que se siembra”, si un líder no respeta, ¿cómo puede pedir respeto a los demás? Si el colaborador siente que lo utilizan, hará como que trabaja pero no dará lo mejor de sí, no dará un extra y esto la organización lo sentirá.

Un líder, que nada más piensa en él, que utiliza a los otros para sus fines personales, que tiene relaciones “ganar-perder” (no es líder), tal vez lo siguen por ser la autoridad, por su posición, lo siguen por conveniencia en un momento determinado, pero no estarán con él en las malas. Con la mezquindad y la falta de respeto, no será faro, guía e inspiración de nadie. Un líder así, no existe es tan sólo un jefe, y podrá tener éxito económico y eventualmente poder, pero nunca conquistará la verdadera grandeza, de conseguir seguidores, y que estos en pos de sus ideas, se comprometan, sean alegres, y generen ámbitos amenos y cordiales de trabajo.

andamos¿Ser líder y ser bondadoso, son incompatibles?

La bondad entendida como la inclinación natural a hacer el bien ayuda en nuestra proyección personal, mantiene la salud y propicia el desarrollo personal y profesional de cada uno, y se transmite al entorno.

Ser bueno no significa ser sumiso e ingenuo. Al contrario, el individuo que cultiva la bondad se caracteriza por su inagotable carisma, vitalidad y personalidad. Los investigadores afirman estar encontrando nuevas evidencias que apoyan la verdad de que el estímulo hace brotar lo mejor de las personas, los seres humanos, tienden a ser lo que la gente más importante en sus vidas piensa que llegarán a ser. El que influye en otros para que dirijan a otros, es un líder sin limitaciones. Mientras más personas lo sigan, mayor será el alcance de sus sueños. El verdadero secreto de la motivación es crear un ambiente en el que la gente esté libre de influencias que desmotiven. Y eso es una tarea compleja.

Un jefe que motiva, que reconoce el esfuerzo, que permite el crecimiento personal, que es amable, que sabe escuchar, que extrae lo mejor de cada persona que tiene y que es sensible a las necesidades de sus colaboradores, es un líder al que se admira y al que se intentará imitar. Esto no se puede fingir, si todos sienten que van hacia una misma dirección, entonces contribuirán a su éxito. Una de las mejores cosas que puedes hacer por los demás es esperar lo mejor de ellos.

Cuando somos groseros o sarcásticos; cuando criticamos duramente y sin fundamento; cuando no damos el crédito a quien lo merece; cuando ridiculizamos a alguien en público; cuando no escuchamos, y cuando somos duros, abusivos e insensibles, nos alejamos de la bondad. ¿Y cuándo nos acercamos a ella? Por el contrario, cuando nuestras actitudes motivan a los demás a ser mejores, confiando en sus potencialidades, reconociendo su esfuerzo, teniendo tacto para resolver situaciones de confrontación o conflicto, sabiendo pedir las cosas y ofreciendo nuestra ayuda a otros. La bondad se hace presente con cortesía básica, evitando hablar mal de los demás y haciéndolos sentir importante.

Por todo esto, tener buenos líderes parece ser una cuestión cultural, que si bien depende de cualidades particulares de cada uno, estas cualidades se van forjando con el paso del tiempo, y depende también de la buena educación que han tenido en su formación desde la familia, la primer infancia y la escuela.

Si queremos ser buenos líderes, busquemos siempre tener relaciones “ganar-ganar”. A la gente no le interesa saber cuánto sabes, mientras no vean en ti cuánto te interesas por ellas. Si aprecias a otros, les animas y les ayudas a alcanzar su potencial, ellos se relacionarán mejor contigo y te seguirán, de lo contrario se sentirán defraudados o lo que es peor, manipulados, por lo tanto no serás su referente.


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