Adaptarse o morir. La resistencia al cambio

Por: Ma. Lourdes C. Inglés

Fue Darwin quien postuló algo así como “No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio”.

Aplicando esto al empleo, vemos como no son pocas las profesiones que han desaparecido, están en proceso de extinción o han sufrido un proceso de mutación a los nuevos tiempos. Uno de los principales motivos ha sido la incorporación de la tecnología (como en otro tiempo ocurriese con la Revolución Industrial) y los avances científicos que, en la mayoría de los casos, han introducido mejoras que nos proporcionan mayor calidad de vida en general y, en el desempeño de nuestra profesión, en particular.

Imagínate lo que ha significado el avance de la tecnología (y lo que está por venir…) para los y las trabajadoras en numerosos sectores profesionales. Por ejemplo, de la sanidad, el arte y la estética con la incorporación de la utilización del láser o el escáner; la agricultura, en la que no hay más que darse una vuelta por cualquiera de las ferias donde, periódicamente, se presentan las innovaciones en maquinaria agrícola; la construcción, no en vano a esto se dedica, por ejemplo, el Centro Tecnológico de la Construcción de la Región (Murcia) que investiga nuevos materiales; la educación, con la integración en el aula de pizarras digitales, tabletas o el mismo Internet, la industria, la energía y el transporte o las telecomunicaciones, con el apogeo de las energías renovables y los nuevos sistemas de comunicación, el comercio, con la incorporación de las ventas on-line, el cine, que ha incluido la animación y la digitalización, cámaras en 3D o efectos especiales espectaculares, así como un extensísimo etcétera.

Si hacemos un balance, la incorporación de la tecnología ha redundado casi siempre en la optimización de resultados, más fiables, más seguros y precisos, así como una mejora sustancial de las condiciones de trabajo y la prevención de sus riesgos. Tanto, que ya nadie se imagina la vida sin ellos.

El creciente desarrollo de las innovaciones tecnológicas libera a la persona trabajadora de las tareas más rutinarias y físicas pero también acarrea una mayor complejidad del trabajo. Obviamente, cualquier novedad requiere adquirir nuevos aprendizajes, habilidades, conocimientos y aptitudes. Por ello, esta habilidad, la de aprender a aprender, es tan valorada por las empresas, puesto que es clave para que un trabajador o trabajadora no se quede atrás y pueda desarrollar todo su potencial.

Entonces, ¿por qué existe esa habitual resistencia (consciente o inconsciente) al cambio? Miedo a lo desconocido, a lo diferente (especialmente si nadie nos explica el motivo del cambio), desconfianza (porque pueda suponer mayor trabajo), pereza (ya que conlleva un esfuerzo salir de lo conocido), porque pensamos que no podemos cambiar (o no queremos cambiar), son algunas de las muchas razones que, en algún momento, podríamos esgrimir.

En este enlace podéis acceder a un vídeo que, en tono de humor, nos explica en qué consiste la resistencia al cambio:

Quizá os parezca un poco exagerado pero, créeme, yo me siento exactamente igual en el taller de Internet I 😉 donde habitualmente escucho cosas como “es que ahora para barrendero te piden la ESO”, “yo lo que necesito es trabajar, es dinero, como sea y de lo que sea, pero ya”, “no sé para qué hace falta tanto”, o ” [sellar por Internet] eso lo hacen para quitar trabajos”…

Precisamente esto último es lo que, para muchos, ha traído consigo la sociedad del conocimiento: la parte negativa, la desaparición de ciertas profesiones. Por poner un ejemplo, sabemos que la profesión de cajero o cajera de supermercado es una profesión cuya extinción no está lejana. Sólo hay que darse una vuelta por algunos supermercados para ver como se están sustituyendo por máquinas.

Sin embargo, ¿qué hay de la parte positiva? ¿Y todas las posibilidades que nos ofrece la tecnología? ¿Y las nuevas ocupaciones que están apareciendo: community manager, social media manager, analista web, especialista SEO/SEM, operador de drones (he oído tanto hablar en las últimas semanas de los drones que hasta estoy planteándome obtener la acreditación de operador), desarrollador de aplicaciones, técnico en impresión 3D, robótica? El cambio puede ser una oportunidad y no una amenaza.

Ante un cambio, las fases por las que solemos transitar son: negación, enfado, confusión, depresión, crisis, aceptación, adaptación y cuanto menos nos estanquemos en cualquiera de las cinco primeras, más fácil y rápido podremos volver a ser felices.

La gran mayoría de las personas que atiendo a diario se encuentra en alguna de estas cinco, con la agonía añadida de que suelen acudir al servicio (salvo por raras y gratas excepciones) por obligación o porque ya no encuentran ninguna otra salida a su abrumadora y perentoria situación, y con actitudes que van desde el más profundo abatimiento, al lacerante resentimiento pasando por la apatía, el menosprecio, el hermetismo o la indignación, especialmente cuando entienden que se encuentran en una situación de la que no son responsables (y es cierto que hay muchos agentes externos que han influido).

Muchas de estas personas han derivado en situaciones cada vez más difíciles y complejas que trascienden lo estrictamente profesional pero, otras muchas (quizá, en algún momento, estas y las otras tuvieron orígenes similares) se debe, entre otras cosas, a haber sido capaces de asumir la responsabilidad, aceptar los cambios, pedir ayuda y adoptar las medidas adecuadas. De poco o nada sirve quedarse anquilosado en momentos pasados que no van a volver. Siempre he defendido el derecho al “pataleo”, pero un “pataleo” que nos permita deshacernos de la carga y continuar, buscando soluciones y alternativas. A veces nos obcecamos en que sólo puede haber una única forma de conseguir lo que queremos y, si no es esa, no somos capaces de avanzar. De manera que chocamos sistemáticamente con el mismo obstáculo. “Si no puedes subir la montaña, rodéala”. Pero haz algo. Un pequeño cambio (un pequeño o gran sacrificio), puede ser lo que te libere. Un curso, obtener la ESO, aprender inglés o informática… Puedes preguntarte honestamente: durante el tiempo en desempleo (hasta varios años, a veces), ¿he aprovechado el tiempo? ¿He cambiado algo con respecto a mi situación inicial?

Por supuesto que el cambio no va ser fácil ni de la noche a la mañana. Siguiendo con lo que nos decía Darwin: “…La selección natural sólo actúa tomando ventaja de pequeñas variaciones sucesivas; ella nunca da un salto repentino, sino que debe avanzar con pasos cortos y seguros, aunque lentos”. Todo depende de nuestra actitud y, esto, si que depende de nosotros mismos.

 

 

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo


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