Caso policial. La invitación

Por: Luis Pierri

En una confitería reconocida del centro de la Ciudad de Buenos Aires, María, gerente de un banco, aguardaba a una persona. Tenía un encuentro. Me dijo que se llamaba Alexis. Y ya siendo la hora, pensaba para sus adentros … Quedamos a las cinco y media y aquí estoy. Me voy a la mesa que tiene vista al parque. Las plantas y las flores dan clima. ¿Será alguno de los tipos estos ? No creo. Le dije que traería un vestido verde suave y cartera haciendo juego. Me vieron entrar pero ninguno se movió.

Se acerca el mozo de la confitería …

Mozo – Señora ¿Gusta beber algo? – interrumpiendo los pensamientos de María.

María – Por el momento no; muchas gracias. Estoy aguardando a una persona. Cuando llegue, pedimos para los dos. Gracias de nuevo.

María seguía con sus pensamientos … Aquel de la izquierda me mira con insistencia. Pero no es mi tipo y además me hace acordar a Javier; terrible mentiroso que me abandonó por una tonta alocada que no vale nada. Me la había presentado como su sobrina … ¡Ja! ¡ Que tonta fui ! Menos mal que la vecina de al lado de la casa de Javier, Doña Rosa me dijo …

Doña Rosa – Mire María que Javier no le juega limpio; esa mujer muy joven no es su sobrina; es su amante; le está jugando sucio.

María – ¡Gracia Doña Rosa por abrirme los ojos! A partir de ese momento, tomaré precauciones con los hombres que se me acerquen.

Volviendo a la confitería …

María seguía sumida en su espera y pensamientos … Mejor pido un café y encenderé un cigarrillo. Una mujer sola esperando, da que hablar. No me gusta esperar y ya comenzamos con el pie izquierdo.

María -¡ Mozo !

Se acerca el mozo …

Mozo – ¿Señora?

María – Un capuchino, por favor.

Mozo – Enseguida Señora. ¿Desea acompañarlo con algo más?

María – No Señor. Muchísimas gracias.

María seguía pensando mientras aguardaba su pedido. El color del vestido es lo que menos importa. Saca un espejo de su cartera y decía para sus adentros … Le comenté de mis ojos color miel, mi piel muy blanca, y ahora que me miro bien, se notan la tristeza y el paso de algunos años. Esta noche, ya más tranquila en casa, me pondré un poco de crema. También necesito hacer algo de gimnasia. Mi tarea como gerente, me absorve, es de mucha responsabilidad, quita tiempo y hacen pasar los años sin darnos cuenta … También le hablé de mi cabello lacio y rubio como el sol, aun suave.

María sale de sus pensamientos que la consumían, cuando ve entrar a una personas y se dice para sí … ¿Será este caballero que está entrando? Miraré para otro lado y esperemos ver que ocurre.

Mozo – ¡Disculpe la molestia, señorita!

María – ¡No es problema! … Usted dirá.

Mozo – Su capuchino.

María – ¡Gracias!

¿Cómo no reparé que era el mozo? Tanto entusiasmo y no era el que entró, que se quedó conversando con otra persona, que me hizo acordar a Luis. ¡ Ahhh Luis ! Había engordado unos kilos, pero cuando lo conocí, era todo un atleta. Buena persona; muy buen mozo. Nos fuimos juntos a la costa. Pasamos un verano sensacional. Si yo me hubiera casado con el estaría más gordita. Luis es de muy buen comer. Pero él me amaría igual. Pero bueno … La cosa no se dio.

Al final, este tipo me dejó plantada. Esta noche me iré a dormir y seguro encontraré un hombre como realmente lo merezco. Y María se retira ofuscada hacia su casa.

Al otro lado de la confitería, había una mesa contra la columna.

Mozo – Señor, su café. Linda la rubia ¿no?

Alexis – Le pido disculpas; estaba distraido y no le escuchaba.

Mozo – ¡Sí! … Me di cuenta por cómo la miraba. La señorita me dijo que estaba esperando a alguien.

Alexis – ¡Gracias mozo! Vaya tranquilo.

Alexis piensa para si … Si no hubiera hecho así, a este tipo no me lo saco más de encima. Esta mujer, María, se la veía nerviosa, muy huesuda y entrada en años. Si bien, por lo que me comentara y llevara puesto, tiene joyas muy caras y de calidad, seguro que debe tener una casa enorme o un buen departamento y mucho dinero ahorrado. ¡ Que lástima ! Si a María la asesinaba, seguro que cuando aparecía en los diarios; el mozo se iba a acordar de mi y me buscarían por cielo y tierra. Nunca dejé rastros ni sospechas de nada … ¡ Mejor la dejo ir ! ¡ Fue tu día de suerte María ! Ya encontraré otra víctima.


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