Mi compañero de trabajo … es mi ENEMIGO

¿Qué ocurre cuando el clima laboral no es el más adecuado por una mala relación entre compañeros de trabajo? En ese caso, intentar convertirlos en aliados es la única opción posible.

Competitividad. Rivalidad. Envidia. Celos. Malentendidos. Revanchas. Problemas personales. Éstas y otras muchas causas pueden generar rencillas y un mal ambiente entre compañeros de trabajo. Incluso el solo hecho de pasar multitud de horas de convivencia bajo una situación de estrés o de desmotivación puede encender una mecha que convierta nuestro trabajo en un campo de batalla.

¿Qué hacer si el trabajo se ha convertido en una trinchera?

La solución no es fácil. Habrá que acudir a la Psicología de las organizaciones, a una buena estrategia…y a buenas dosis de paciencia y buena voluntad.

A veces la competencia es tanta, acuciada por el estrés y los altos niveles de exigencia para generar mayor productividad, que olvidamos hasta las elementales reglas de convivencia, generando una situación de inquina personal y hostilidad entre compañeros.

Realmente, a ninguna empresa le interesa esa situación, ya que se rompe la sinergia que generan los equipos de trabajo y sus beneficios. La pérdida de cohesión grupal afecta a la totalidad de la organización, y ello tiene traducción en su cuenta de resultados. Existe evidencia de la correlación entre clima laboral y productividad, y por eso las empresas eficazmente dirigidas tienen en cuenta este aspecto. Algunos estudios han llegado a medir incrementos de hasta el 30%, por lo que no es algo a desdeñar.

En una empresa deben colaborar los unos con los otros, no sólo dentro de un mismo departamento, sino también con el resto de áreas que también son parte de la organización. Las guerrillas internas que, a veces, se viven dentro de las compañías son absolutamente contraproducentes desde el punto de vista económico. Pero no solo eso, incluso pueden ocasionar el deterioro grave de la imagen de la empresa, afectando a su marca, credibilidad y reputación.

Pero, ¿y desde el punto de vista personal? ¿Podemos hacer algo con ese compañero con el que tenemos una guerra abierta y declarada?

Pues bien, aunque no sea una cuestión fácil, sí que existen herramientas que podemos utilizar. Y no solo lo hacemos para aumentar nuestro rendimiento, sino por salud mental y por hacer que nuestro trabajo sea un lugar y un proyecto saludable, que nos reporte comodidad y satisfacción.

Aquí te dejo 10 “tips” de inteligencia emocional para afrontar estas situaciones:

1.Un compañero nuevo no es una amenaza personal y directa. No te lo tomes como una posibilidad de perder tu puesto, sino como la opción de contar con un aliado que puede aportar nuevas ideas.

2.Busca la complementariedad. Realizar actividades complementarias, que impliquen coordinación y cierta subsidiariedad, que tengan utilidad real en el trabajo entre compañeros, ayuda a establecer nexos de unión y reforzar la cohesión. Se trata de “hacer equipo” con objetivos reales.

3.Fomenta el apoyo y la ayuda mutua. Muéstrate como un ejemplo de ello y trata de llevar la iniciativa. Usa a menudo el concepto “nosotros” y aparca el individualismo.

4.Compañerismo no es igual a amistad. El trabajo no tiene como fin hacer amistades sino desempeñar una labor de la forma más agradable y satisfactoria con todas las personas con las que toca interactuar.

5.Practica buenas prácticas de convivencia. Ser educado, no faltar al respeto jamás, no hacer el vacío, mostrar cordialidad e interés por el trabajo de tu compañero y su vida personal es fundamental. Tampoco olvides respetar el espacio personal y la intimidad.

6.No criticar a sus espaldas. No confíes en la “discreción” de los demás. Los rumores y las confidencias se propagan más rápido de lo que piensas.

7.Poner en evidencia a tu compañero públicamente cuando ha cometido un error es una de las principales causas de hostilidad entre compañeros. Nadie es perfecto…y tú tampoco.

8.Hacer concesiones. Convivir y compartir supone ceder y reconocer errores. Imponer unilateralmente una única voluntad (la nuestra) no genera confianza y ofrece una imagen de autoritarismo.

9.Reconocer las virtudes y logros de los demás con autenticidad. Ejercita la máxima de “celebrar, compartir y motivar”.

10.Somos responsables, no culpables. Es una diferencia de actitud trascendental. La culpa es un sentimiento negativo y dañino que propicia la desconfianza y el resentimiento. Cámbialo por responsabilidad, ya que es un concepto constructivo.


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