Empezar de cero a los 50: Proyectarte

Por: Mónica Vide

En ocasiones la vida te sitúa de nuevo en la casilla de salida cuando creías que ya lo tenías todo encarrilado, cuando ya no imaginabas tener que emprender un camino nuevo.

Una situación de pérdida de empleo cerca de los cincuenta años fue mi oportunidad. Quizás la pérdida del tuyo, o una incipiente inquietud acerca de tu situación profesional sea la tuya.

Tras semanas, meses, perfeccionando mi CV, aplicando a todas las ofertas acordes a mi perfil y experiencia, preparando y acudiendo a todas las entrevistas que fui capaz de conseguir, que fueron contadas, ningún resultado.

A este respecto quiero apuntar que, salvo honrosas excepciones, observé con gran decepción, en lo relativo al trato al candidato, grandes deficiencias por parte de las consultorías y departamentos de RRHH con los que participé en algún proceso. Poco o ningún feedback, apenas seguimiento tras la entrevista, y falta absoluta de tacto y sensibilidad hacia el candidato que, en definitiva, es su principal activo en el mercado. Deberían hacérselo mirar. Cierro paréntesis.

“Si el plan no funciona, cambia el plan, pero no cambies la meta”.

Decidí reorientar mis esfuerzos hacia las relaciones personales-profesionales. Al fin y al cabo, el networking había sido la única vía por la que había llegado a sentarme ante algún reclutador.

Nuevamente Eva Granados tuvo un papel vital en esta fase, ella me orientó, me animó, me felicitó, y celebró conmigo cada nuevo pequeño paso, cada nuevo pequeño logro. Vuelvo a insistir en el gran valor del apoyo profesional. Todos valemos para algo, pero no todos valemos para todo. La arrogancia de creer que podemos hacerlo todo solos no suma, más bien resta. No somos supermanes o superwomans.

LinkedIn entró en mi vida como un huracán. Trabajé a fondo mi perfil, redactando un extracto que proyectara al primer golpe de lectura quién soy yo, qué me motiva, cuáles son mis aspiraciones, cuáles mis aportaciones, y, no menos importante, mis valores.

Seleccioné mis palabras clave. Quien me buscara me tenía que encontrar por lo que yo era, por lo que yo quería ser, por lo que quería y podía aportar, y no por la empresa o el sector o la actividad en los que había trabajado hasta entonces.

Solicité a mis queridos colegas, jefes y clientes que me recomendaran. Y vaya si lo hicieron. ¡Las lágrimas se me saltaban con aquellas sinceras y generosas frases de reconocimiento!

Aprendí a mejorar mi red de contactos, a adoptar una correcta comunicación para llegar a las personas con las que quería entablar relación profesional. Aprendí que el mejor modo de recibir es dando primero. Aprendí que el verbo compartir es la madre del cordero en las Redes Sociales, en LinkedIn también.

Empecé a seguir a personas que habían hecho un viaje similar al mío y empezaban a ser un referente. Y me reencontré alguien que se había transformado en estrella polar, mi querida Eva Collado (mi vida últimamente está rodeada de Evas). Ella iluminó con su ejemplo mi proyección, con su marca personal me enseñó lo que era marca personal. No pudo poner mejor título a su libro: Marca eres TÚ. Os recomiendo con entusiasmo su lectura.

Acudí a cuantos eventos, conferencias, mesas redondas… se celebraban en mi ciudad, e incluso fuera de ella, en los que poder aprender de los mejores. Sobre Marca Personal, sobre Redes Sociales, sobre coaching y autocoaching, sobre Productividad Personal (cómo gestionar tu tiempo, tus recursos y tus emociones de forma eficiente, y no es una obviedad).

Descubrí a la gran Laura Rosillo y su “revolución madurescente”. La historia de Dafne, que era yo misma como muchas otras Dafnes: ese maravilloso storytelling sobre reinvención personal en la cincuentena, que fue para mí la parábola perfecta que cerró el círculo y me inspiró para transitar hacia una nueva vida.

Una nueva vida sin dueños, sin dogmas, sin abducciones, sin pretendidas culturas de valores que esconden adoctrinamiento, sin personajes tóxicos que minaran mi autoestima por no ser como había que ser para merecer pertenecer al clan, para ser “uno de los nuestros”. Por no ser como ellos.

Escoger los proyectos en los que quieres trabajar, las personas con las que quieres colaborar, compartir conocimiento, experiencias y recursos con quienes aportan valor a tu vida y a quienes puedes aportar el tuyo y saben apreciarlo.

Ser dueño de tu tiempo y de tu agenda, ordenar tus prioridades para luego respetarlas, y no para traicionarlas al albur de instancias “supremas”.

Todo eso es lo que consigues si realmente te lo propones, lo trabajas duro, muy duro, y con consistencia, ayudando y dejándote ayudar.

Y cuando se enciende la chispa definitiva, cuando visualizas ese destino, entonces sabes que para ti ya no hay otro. A veces sentirás miedo, pero ya no tendrás ninguna duda, nunca.

Ahora mi proyecto soy yo. Mi marca soy yo. Mi empresa soy yo.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo 

4 thoughts on “Empezar de cero a los 50: Proyectarte

    1. Hola Mauricio! qué alegría que te lleves algo de esta nota. Como vos decís, nunca hay que darse por vencido ni dormirse.. cuando nos pasan cosas como la que cuenta el post es muy importante hacer introspección para saber qué podemos hacer para superar la situación.

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