Arrancar de nuevo

Por: Fabrizzio Ponce

 

Sí, no te preocupés, podés confiar en mí. Al fin y al cabo, también a mí me ha pasado. De hecho, creo que la mayoría de gente en el mundo tiene alguna historia como la nuestra.
Supongo que es parte del ser humano, de esos elementos que nos componen como personas y que nos mantienen ubicados en la perspectiva correcta de autoestima, sin creernos más o menos que nadie.

Porque, al fin y al cabo, ¡que diantres! Que llegue la tercera semana del año y que ya hayamos fallado en uno de los propósitos de año nuevo tampoco supone el fin del mundo. Claro que no es algo que estuviera presupuestado al momento de empezar la lista de metas y objetivos; todos planificamos una meta que vaya a tener éxito y que podamos cumplir a cabalidad, así que cuando empiezan los desvíos, las dificultades y las fallas, es normal el desánimo.

¡Hombre, pero no se acaba aquí! Hay remedio para la situación, apenas se está iniciando el partido, aún nos faltan 41 kms para terminar la maratón. Hay que levantarse, limpiarse la suciedad de nuestro atuendo, secarnos el sudor de la frente y seguir intentándolo. Eso sí, identifiquemos de una vez ese detalle que necesitamos corregir.

Y es que, al ocurrir un evento de este tipo, donde a mediados de enero ya vamos en números rojos, es sencillo desviar la mirada del objetivo. Empezamos a justificarnos, a ofrecer excusas, a recurrir a eventos pasados, todo con el fin de sentirnos mejor y desde ya, levantar la lápida sobre la tumba de nuestra meta. Y a esperar al próximo final de año para ver, quizá, si lo volvemos a intentar.

Cuando identificamos esa manía tan propia del ser humano y decidimos ponernos nosotros al volante de nuestra vida –en lugar de permitírselo a las excusas, se empieza a dar un cambio. Empezamos a creer que si se puede. Comenzamos a notar a otras personas que lo están haciendo y eso nos motiva. Cuando tomamos las riendas de nuestra vida y fijamos la mirada en la meta, es cuando el engranaje empieza a funcionar y podremos tener la seguridad de que si, ahora si va a suceder.

Cuando compré mi motocicleta, hace un par de años, la agencia obsequiaba un curso de conducción a quienes éramos “primerizos” en eso de desplazarse en vehículos de dos ruedas. Recuerdo que en la clase el profesor nos hizo el señalamiento a varios de no estarnos fijando en el tablero de la motocicleta sino más bien estar mirando adelante, a la carretera. Y la razón era sencilla: al ir guiando la moto, el tablero también iba a ir con nosotros, no había razón de preocuparse por él o estarlo viendo a cada instante – ¡sin contar el peligro de estar distraído mientras se conduce una motocicleta!

Con nuestra vida sucede exactamente lo mismo: con las manos al volante y la mirada al frente, dirijamos nuestra vida por donde planeamos llevarla; el resto vendrá por sí solo.

Arranquemos de nuevo, ¿te parece? Aún no hemos terminado.

 

 

 

 

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

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