Las 4 fases del desempleo

El desempleo no es solo una cuestión económica, sus consecuencias psicológicas pueden ser, incluso, más graves.

Algunas personas, cuando se encuentran en situación de desempleo (especialmente si es de larga duración), experimentan una serie de consecuencias psicológicas negativas. ¿Por qué? Principalmente por dos razones: las derivadas de la falta de ingresos económicos y la pérdida de un “estilo de vida”. El trabajo es mucho más que un medio para ganarnos la vida. El trabajo nos da identidad, nos dice quién somos, nos da una posición social (no solo económica) y nos permite mantener determinadas relaciones interpersonales.

 

¿Por qué el empleo nos protege psicológicamente?

Las principales razones por los cuales el empleo nos hace menos vulnerables a sufrir alteraciones psicológicas son:

– Identidad: El empleo define nuestra identidad (¿quién soy yo?) y nuestro estatus personal.

– Estructuración temporal: El trabajo da una organización y una estructura temporal a nuestra vida. Nos marca horarios y pautas.  Distribuye nuestras horas.

– Integración social: El empleo permite establecer y mantener relaciones sociales más allá de nuestro entorno más próximo.

– Oportunidad de desarrollo: El empleo nos permite demostrar nuestro talento, desarrollarnos, poner en marcha nuestras habilidades y competencias. Nos hace mejorar y crecer.

– Actividad: El empleo nos obliga a desarrollar una actividad. Algunas personas, al quedarse desempleadas, comienzan en un círculo vicioso en el que la inactividad y la falta de obligaciones les llevan, en ocasiones, a estados depresivos.

 

Las 4 fases del proceso psicológico del desempleo

Las consecuencias asociadas al desempleo dependen en gran medida de la duración del mismo. Existen 4 fases psicológicas del desempleo y, cada una de ellas, lleva aparejado una serie de síntomas que es importante conocer:

Fase 1: Entusiasmo

Esta etapa dura, aproximadamente, los primeros 6 meses desde que la persona pierde su empleo.

En esta fase, las personas aún creen en sus posibilidades y, en ocasiones, tienen la sensación de estar atravesando un periodo de vacaciones. Miran con optimismo el futuro y ponen mucha energía en su búsqueda de empleo. Tienen altas expectativas y, a veces, se muestran ilusionados con esta etapa de cambios.

Algunas personas atraviesan en esta fase una crisis, pero ésta no es grave, ya que aún no se ha asumido totalmente la nueva condición de desempleado.  Algunos síntomas propios de esta crisis son: ánimo cambiante, angustia y preocupación por el futuro, irritación, insomnio, etc.

Fase 2: Estancamiento

Esta etapa dura, aproximadamente, entre los 6 y los 18 meses desde que la persona pierde su empleo.

Si la persona no ha encontrado empleo en la primera etapa, empezará a replantearse las cosas y a evaluar si sus expectativas eran poco realistas. Es muy frecuente que, en esta fase, ya se empiecen a disminuir las acciones de búsqueda activa de empleo y/o se modifiquen las preferencias profesionales.

En esta fase se agravan los síntomas de la crisis de la primera etapa. Muchas personas empiezan a sentir vergüenza o culpa, se sienten muy irritables y nerviosas (incluso mostrándose agresivas en algunas ocasiones).

Fase 3: Desgana

Esta etapa dura, aproximadamente, entre los 18 y los 24 meses desde que la persona pierde su empleo.

En esta fase, las personas empiezan a resignarse a su condición de desempleadas y, en ocasiones, comienzan a sufrir un ánimo depresivo. En esta etapa es muy común tener sentimientos de inferioridad, apatía, desgana,  desesperanza, tristeza, fracaso, etc.

Fase 4: Resignación total

Esta etapa empieza, aproximadamente, a los 24 meses desde que la persona pierde su empleo.

A partir de los 24 meses de desempleo, las personas han perdido casi toda la esperanza y se han resignado. Por ello, ya apenas buscan empleo de manera activa y se sienten “fuera del mercado”.

Cuando el desempleo dura más de dos años, es muy común que las personas sufran un vacío emocional, se sientan desvalorizadas y estén frustradas crónicamente.

Llegar más de dos años en situación de desempleo implica que hace mucho tiempo que la persona “no se pone a prueba” a sí misma. Seguramente, se siente menos capacitada que otras personas con su mismo perfil, siente vergüenza o inferioridad, no sabe si será capaz de afrontar con éxito un nuevo empleo.

Estos miedos e inseguridades, unidos a la resignación y la desmotivación, hacen que la persona que lleva más de dos años desempleada haya “bajado los brazos” y no busque trabajo activamente.

 

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