¿Por qué estamos tan deprimidos en CHILE?

Por:Diego Méndez

Un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos ubica en el primer lugar del ranking mundial de prevalencia de esta enfermedad.

Un 17% de los chilenos sufre depresión y junto con Corea del Sur somos de los países en los que las tasas de suicidio entre niños y adolescentes aumenta cada año. En hogares de ingresos económicos bajos esta cifra alcanza el 20%.

A primera vista parece contradictorio que un país relativamente seguro, con un nivel de crecimiento y desarrollo aceptable en comparación al resto de los países en América Latina presente indicadores tan negativos de salud mental. Para quienes conocen Chile o tienen la oportunidad de visitarlo algunas cosas llaman la atención en este sentido, como por ejemplo, la alta proliferación de farmacias (en algunas esquinas de las ciudades hay 3 o 4 de las 3 principales cadenas que acaparan el mercado), el alto grado de automedicación de sus habitantes y el ritmo acelerado de trabajo sobretodo de quienes habitan en la capital del país.

En las últimas décadas Chile ha experimentado una transición forzada hacia un modelo económico y social altamente individualista, sacrificando en el proceso sus rasgos culturales más colectivistas y comunitarios. Esto ha conducido a una pérdida del concepto de comunidad, afectando las redes de apoyo social con las que contaban las personas. Un contexto laboral altamente competitivo y desigual ha generado el aumento de sentimientos de soledad y una sobrecarga de exigencias que se traducen en un aumento de la cantidad de licencias laborales atribuidas a enfermedades de salud mental.

La pérdida de sentido, el sentimiento de cansancio permanente, el abatimiento y la apatía en la que se encuentran los chilenos son otras de las consecuencias de la apuesta extrema que ha hecho el país por alcanzar altos estándares de modernización que no se ha reflejado en un acceso igualitario de oportunidades para todos y todas. Este desencantamiento de la realidad producido por seguir un proceso de modernización que no tuvo en consideración la identidad cultural de sus habitantes, se relaciona también con el alto grado de desigualdad en la distribución del ingreso, que es de las más altas de los países miembros de la OCDE.

La apuesta hecha generó una mejoría de la situación económica de un sector exclusivo de la población, mientras que la gran mayoría vio reducidos sus derechos laborales, destruidos sus sindicatos y colegios de profesionales, sacrificados sus logros sociales y expuestos a un mercado salvaje sin protección social de calidad en sectores básicos como la educación, la salud y la vivienda. Lamentablemente tampoco es claro que exista en Latinoamérica otro ejemplo de desarrollo al que Chile pudiese mirar para imitar mejores prácticas.

Estamos en un momento crítico para generar los cambios que le permitan entonces al país, al menos en materia laboral, asegurar un acceso igualitario a oportunidades para hombres y mujeres independientemente de su condición social. Para ello el cambio requerido es de carácter económico, social y cultural. Quizás entonces podamos, desde lo colectivo y recuperando nuestro sentido de comunidad, disminuir cifras que nos sitúan en un alarmante primer lugar en los índices de depresión a nivel mundial.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

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