MENS SANA IN CORPORE SANO

Por:Máximo Peñas Bautista

Estás en desempleo y, además, sientes que , por mucho que hagas, por mucho que te esfuerces, no vas a conseguir salir de la situación en la que te encuentras:puede que te encuentres ante lo que Martin Seligman, allá por los años 70, llamó una situación de Indefensión Aprendida (Teoría de la Indefensión Aprendida).

Suele aparecer cuando se rompe, se fractura, un equilibrio estable -en este caso, perder un empleo y, por ende, unos ingresos- y nuestras “herramientas” mentales se bloquean, abocándonos a un estado de tristeza, pesimismo, ansiedad,…, ante una situación tan estresante como el desempleo. En este sentido ¿te has planteado alguna vez si podemos echar mano de algún aliado que nos pueda ayudar a mitigar los efectos, en algunos casos devastadores, en los que nos puede sumir una situación de desempleo? Me estoy refiriendo a la práctica regular de ejercicio, de actividad física que, como iremos desgranando, no sólo nos puede “echar un cable” en una situación de estrés como es la condición de estar en desempleo (yo, personalmente, prefiero entenderla como la de un profesional que, en un momento determinado, por las circunstancias que sean, se encuentra temporalmente sin clientes) sino, también, porque su práctica lleva aparejados una serie de valores, habilidades y capacidades -algunas muy demandadas hoy en día, en lo que a entornos laborales hace referencia– que nos vendrán muy bien, tanto en nuestra búsqueda de empleo como, más adelante, en nuestro desempeño profesional.

Que el ejercicio actúa de aliado frente a muchos de los “enemigos” que nos acechan, no debería de sorprendernos a estas alturas de la película, sin embargo, esto que parece tan obvio a nivel físico también ha de ir tomando forma a otros niveles como el psíquico-emocional. Comencemos por el principio, tratando de definir el estrés “situación en la que las demandas externas, sociales, o las internas, psicológicas, superan nuestra capacidad de respuesta, lo que provoca una alarma orgánica que incide, entre otros, sobre los sistemas nervioso, cardiovascular, inmunológico y endocrino, desembocando en un desequilibrio psicofísico que puede devenir enfermedad. Hay que aclarar que frente al término estrés, en vacío, lo que realmente existen son personas estresadas puesto que, ante una misma situación, reaccionamos de manera diferente. No todo va a ser negativo, puesto que el estrés también puede salvar nuestra vida; la diferencia estriba en saber controlarlo y utilizarlo de manera adecuada”. Existe evidencia de que, en determinadas condiciones, el estrés puede avanzar y dar lugar a trastornos como la ansiedad y la depresión, trastornos que, tradicionalmente, se han venido combatiendo mediante psicoterapia y medicación. A éstos, sin embargo, se ha ido uniendo, cada vez con mayor fuerza y, por qué no decirlo, eficacia, la práctica de actividades físicas y deportivas, práctica que era conocida por los médicos desde la época de Hipócrates. A medida que la psicofarmacología y la neurobiología fueron dando con tratamientos eficaces para combatir la depresión y los psiquiatras y psicólogos utilizaron la psicoterapia para apoyar al ser humano en su “lucha emocional”, el ejercicio, la práctica de actividades físicas y de deportes como tratamiento de trastornos, tipo ansiedad y depresión, fue decayendo. Sin embargo, ha habido un retorno, una recuperación de la influencia de la actividad física en el tratamiento de problemas emocionales, apoyado en la importancia del papel de la conducta en la prevención y lucha contra los trastornos mencionados. Según Rümelle, 1990, se puede llegar a hablar de “psicoterapia a través del movimiento”. Hoy en día y, tras décadas de confirmaciones a favor, ya nadie pone en duda el beneficio que se obtiene a través de la práctica deportiva en las situaciones aquí mencionadas, en particular, y en el ser humano como ente psicobiosocial, en general. Estamos en condiciones de afirmar que el ejercicio da lugar a una mejora mental y psicológica, amén de resultar un aliado más que efectivo, frente a una situación tan “estresante” como es el encontrarse en desempleo. Según la Internacional Society of Sport Psychology (ISSP, 1992), “la práctica de actividad física reduce la ansiedad-estado, mitiga la depresión, reduce los niveles de estrés, ayuda en el tratamiento de la depresión severa y beneficia psicológicamente a ambos sexos y a todas las edades”.

Visto lo anterior, ¿te has planteado alguna vez qué es lo que nos lleva a entrenar cuando cae una tromba de agua del 15?, ¿qué te hace levantarte un fin de semana a las 7 de la mañana -con lo a gustito que se está en la cama- y atravesar la ciudad para reunirte con tus amigos y echar una “pachanga” a fútbol o a baloncesto?, ¿qué le lleva a un skater a caerse una y mil veces antes de lograr realizar la “pirueta” que persigue? En todos los casos podemos hablar de una serie de habilidades y actitudes -por otra parte, muy valoradas en un mercado laboral tan competitivo como el actual- como son la perseverancia, la tenacidad, la capacidad de superación, la motivación o el trabajo en equipo. ¿Te has llegado a plantear que el correr, el pedalear, el remar,…, no sólo por el simple hecho de hacerlo, que también, sino que, encaminados en una determinada dirección, con un objetivo claro y prefijado, puede hacernos más “fácil” el trayecto? En la práctica de actividad física -o de un determinado deporte- al igual que en la búsqueda de empleo, como ya hemos comentado en alguna otra ocasión, el tener un objetivo claramente definido nos orientará en nuestra búsqueda, nos irá trazando el camino a seguir: recuerda que, el buscar trabajo de lo que sea, nos posiciona en una situación de desventaja con respecto al que define, de manera clara, aquella actividad profesional o sector en los que quiere insertarse laboralmente. El plantearse objetivos -tanto si estamos buscando un empleo como si ya lo tenemos- nos ayudará en el diseño de un plan de acción, de una determinada metodología, de unas herramientas o recursos, de una evaluación,…., en definitiva, nos permitirá centrar el foco en una dirección determinada.

No serán pocas las ocasiones en las que no estaremos suficientemente motivados para acercarnos al polideportivo o cancha para para participar en ese partido en el que, junto a nuestros compañeros, nos vamos a “medir” con otro equipo -me atrevería a decir que posiblemente existen tantas excusas como días-, y donde, entre otras variables, asoma con cierta fuerza el trabajo en equipo -una de las competencias transversales más valoradas en el mercado laboral actual-. El formar parte de un equipo, el comprometerte con un proyecto común, el “bregar” codo con codo junto a otros,…, son aspectos vinculados al trabajo en equipo que las empresas tienen muy presentes y, que sin duda, serán valorados tanto en el desempeño in situ como en una entrevista a un aspirante que está en busca de nuevas oportunidades laborales. El compañerismo que caracteriza al trabajo en equipo -tanto a nivel laboral como deportivo- te dará un plus si te encuentras implementando tu plan de búsqueda de empleo.

¿Y si además aprovechamos esos momentos de actividad física para realizar un poco de networking? Lo que de manera habitual se puede hacer en un encuentro profesional o en una comida de negocios -momentos que, por supuesto, hay que mantener- también es trasladable al entorno de la práctica deportiva dónde, mientras juegas un partido de golf, de padel, practicas el running o pedaleas al lado de otros, puedes aprovechar para conversar sobre aspectos laborales o de algún proyecto a realizar en común. Y qué decir si estás en búsqueda de empleo: recuerda que uno de los mejores canales para buscar empleo es a través de conocidos o amigos, que tu entorno ha de saber que estás en busca de nuevos retos profesionales. Puedes aprovechar para hacer partícipes a tus compañeros de equipo de quién eres a nivel profesional, de qué buscas,…, en definitiva, trasladar aspectos más propios de momentos formales al entorno distendido e informal que te brinda la actividad física.

Llegados a este punto, me gustaría hacer hincapié en la importancia que, actualmente, tiene la imagen corporal en la autoestima, autoestima que, sola o en colaboración con otros aspectos, puede estar detrás de muchos de los factores o causas de trastornos tipo ansiedad y depresión. En este sentido decir que, uno de los axiomas de la terapia psicomotora se apoya en que la estima corporal influencia, incide en la autoestima, es decir, parece ser que sentirse bien con el propio cuerpo devendrá en una sensación general de bienestar. Por lo que podríamos deducir que, desde el anterior punto de vista, estima corporal y autoestima están relacionadas (Marsch & Shavelson, 1985). Estás en búsqueda de empleo, los resultados no llegan, las negativas se acumulan, la frustración escala, los demás sí parecen tener más “suerte”,… Puede que esta situación te suene, pues bien, en todos estos momentos, la valoración y percepción que tenemos de nosotros mismos -o lo que es lo mismo, nuestra autoestima- es clave para mantener una actitud perseverante y confiada en función a los objetivos laborales que nos hayamos marcado. Ante pensamientos distorsionadores, catastrofistas, generalizadores, que dan lugar a diálogos internos negativos del tipo “con la que está cayendo, nunca voy a conseguir un empleo”, “soy muy mayor para que me llamen para una entrevista”, “los demás son mucho mejores y están más preparados que yo”,…., el potenciar tu autoestima es de vital importancia. Pues bien, existen una serie de estrategias como son Identificar los limitadores y transformarlos en positivo; definir el objetivo y centrar tiempo y energía; reformular pensamientos y lenguaje; potenciar nuestra red de contactos; no culpabilizar -ni a nosotros ni a los demás; hacer voluntariado y, cómo no, practicar hábitos saludables como la actividad física que nos puede servir de “tabla de salvación” cuando nuestra autoestima “hace aguas”.

Llegados a este punto podemos volver a concluir que la práctica regular de actividad física comporta beneficios a nivel de autoconfianza, autoimagen, estabilidad emocional, sensación de control, rendimiento, en las relaciones sociales, en conductas cooperativas, seguimiento de normas, autodisciplina, calidad del sueño, en los niveles de ansiedad,… Si nos fijamos en aspectos puramente biológicos, se liberan endorfinas -una especie de opiáceos internos- que nos producen bienestar; así mismo, los cambios de tensión muscular -alternancia de contracciones y relajaciones- devienen en una relajación muscular posterior -sensación, por otra parte, bastante placentera-; las mejoras en cualidades físicas básicas -como por ejemplo, la resistencia- posibilita afrontar nuevas actividades y tareas con menor fatiga,…

En cuanto al tipo y duración, habremos de echar mano siempre de aquella actividad física que nos resulte más placentera -indistintamente de si es una actividad más o menos aeróbica- y practicarla un mínimo de 3 días por semana, en sesiones de 30′ a 60′ y a una intensidad moderada.

Para finalizar y, echando mano de la cita que encabeza el presente artículo, decir que ninguna otra civilización de la época se dedicó con tanto ahínco a la práctica deportiva como la griega y, aunque el sentido original de la frase iba más encaminado a la necesidad de orar a fin de tener un espíritu equilibrado en una cuerpo equilibrado, podemos permitirnos la licencia de adaptarlo a nuestros días como “mente sana en un cuerpo sano”.

Y por si te decides a comenzar con la práctica deportiva, me gustaría dejarte con el Making of de un tema de Barei (Time to fight) -sintonía del programa Champions Total de Atresmedia- enérgico donde los haya, que te puede dar ese empujón definitivo a calzarte unas zapatillas y salir a… Prueba a subir el volumen y a no olvidarte de que you’re the champion: https://youtu.be/wakqsn1pBSU

Bibliografía:

International Society of Sport Psychology – ISSP (1992) Physical activity and psychological benefits. A position Statement.
Jiménez, M. G., Martínez, P., Miró, E. y Sánchez, A. I. (2008). Bienestar psicológico y hábitos saludables: ¿están asociados a la práctica de ejercicio físico? International Journal of Clinical and Health Psychology, 8(1), 185-202.
Marsch, H.W., & Shavellson, R. (1985) Self-concept: its multifaced hierarchical structure. Educational Psychologist.
Rümmele, E. (1990) Spektrum der Bewegungspsychotherapie. Frankfurt: Harri Deutsch.


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