La Consultoría como profesión (2° parte de 5)

Por: Prof. Vladimir Estrada

business-angel-o-venture-capital-conoce-las-diferenciasLa excelencia es, por definición, un compromiso voluntario. Tom Peters, en Pasión por la Excelencia, 1984

Hoy te traigo el segundo artículo de esta breve serie temática de 5 entregas sobre la consultoría. Hablaremos ahora sobre ella como profesión, así que… ¡adelante!

¿Qué es una profesión? La RAE la define en su segunda acepción como  “empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución”; y en la tercera, así: “conjunto de personas que ejercen una misma profesión”. Es decir, que podemos acercarnos al concepto desde el ejercicio de la actividad y desde la agrupación de quienes la ejercen. En ambos abordajes entra y cabe, sin duda alguna, la consultoría.

Amigo rutero: sobre la clasificación de la consultoría como profesión, este servidor proponía en un artículo publicado hace algunos años los elementos argumentativos que te cito a continuación, para ampliarlos y actualizarlos más adelante.

“Es una profesión, entre otras posibles razones:

  • Porque existen problemas sociales, organizacionales, grupales e individuales que resolver mediante prácticas consultivas, que ordinariamente no se resuelven de otra manera.
  • Porque existen áreas generales y específicas de actuación y desempeño de los profesionales de la consultoría, algunas de los cuales coinciden con las de otras profesiones como la ingeniería industrial, la economía, la administración, la psicología, la sociología y la pedagogía, pero en ninguna de ellas se agrupan e integran todas en un cuerpo común de conocimientos aplicables a la práctica como en la consultoría.
  • Porque tiene un cuerpo doctrinal propio a nivel teórico, metodológico, ético e instrumental, con diversos aportes de otras áreas del conocimiento y con muchas aportaciones internas desde la práctica consultiva, una de cuyas obras cumbres (hay abundante literatura en el tema) es el clásico Consultoría de Procesos, de Edgar Schein (de los 80 del pasado siglo), una especie de Biblia de la profesión.
  • Porque cada vez son y se practican más en el mundo las figuras y modalidades de formación, superación profesional y académica (hasta el Doctorado) en esta área del conocimiento”.

Resumiendo: un consultor profesional resuelve en su ejercicio problemas que típicamente requieren de su intervención y no de otra; integrando conocimientos y competencias provenientes de diversas áreas en un modelo de acción/solución propio de esta área y no de otra; configurando desde la praxis, la investigación y la conceptualización un grupo de presupuestos teóricos inherentes a ella; y recibiendo la formación reglada específicamente pertinente y correspondiente a su profesionalización, concebida para ella. ¿De acuerdo?

Y para poder hacerlo, este especialista debe profesionalizarse. No se trata de autodenominarse consultor. Se trata de serlo y hacerlo desde una preparación especializada, como en cualquier otra actividad profesional. Si no la tenemos, podemos ser consultantes, pero no consultores. No es lo mismo.

A nadie en su sano juicio se le ocurre autodenominarse y venderse al mercado como médico sin haber estudiado medicina, o como ingeniero sin haberse formado como tal. ¿Por qué hacerlo con la consultoría, habiendo tantas posibilidades formativas disponibles? Y sobre todo, ¿por qué tantos clientes lo admiten, sin solicitar las debidas acreditaciones profesionales?

A mi juicio, es esencialmente un tema de información y cultura relativa al tema. No hay la suficiente. No se difunde como debería todo lo relativo a este campo hacia públicos masivos, y se sigue privilegiando a los especializados. Todo el mundo sabe que un maestro, un médico, un ingeniero, un arquitecto, un diseñador, se forman en la universidad para poder ejercer; pero muchísima gente ignora que un consultor profesional necesita hacer lo mismo para ser competente, efectivo, y luego, exitoso. Se requiere que las empresas consultoras, las grandes asociaciones internacionales y nacionales que las agrupan (son bastantes), los profesionales independientes que la ejercen (muchísimos), y todos los demás relacionados con el tema, actúen en consecuencia. Porque la consultoría merece tanto y el mismo respeto que cualquier otra profesión. Y debemos trabajar para obtenerlo, conservarlo y multiplicarlo, pero sobre todo, para seguirlo mereciendo.

Amigo rutero: si miramos a nuestro alrededor, podemos hallar fácilmente un grupo numeroso de ejemplos que ilustran todo esto, pero te lo enfocaré del siguiente modo.

El consultor de que te hablo es un generalista, cuyo ámbito de acción profesional son las organizaciones, comunidades y sociedades, abarcando su funcionamiento y desempeño. Y tiene que poder incidir a nivel de experto o de buen especialista, al menos sobre las siguientes dimensiones: personas y grupos, relaciones, entorno,modelos, sistemas, objetivos, estrategias, planes, proyectos, procesos, calidad y resultados. Y todo ello, desde intervenciones funcionales típicas como las siguientes (entre otras): diagnóstico, diseño,entrenamiento, desarrollo, implementación, acompañamiento y seguimiento, gestión,evaluación, rediseño, mejora y cambio.

En los temas en que no sea experto, debe conocer lo bastante para, al menos, poder recomendar la contratación de uno para que se integre en la intervención actual o  desarrolle una posterior.

Y para poder hacer todo esto, necesita manejar en profundidad, al menos,

  • teoría organizacional y social,
  • teoría general de sistemas,
  • metodología de la investigación,
  • psicología organizacional,
  • elementos de educación y formación de adultos,
  • elementos de sociología,
  • funcionamiento de las organizaciones,
  • administración y liderazgo,
  • comunicación,
  • ética,
  • marketing,
  • responsabilidad social corporativa,

entre otras áreas clave; y con un nivel decente que le permita analizar y en algunos casos aplicar,

  • informática a nivel de usuario intermedio,
  • economía y finanzas,
  • política,
  • gestión medioambiental,
  • al menos un idioma además del nativo, etc.

Y por supuesto, manifestar un manejo del idioma y una cultura general que le permita interactuar productivamente y ser reconocido como persona preparada y culta, reforzando su marca personal profesional. ¿Qué te parece?

Ya un consultor especializado en un tema específico, requiere la formación más profunda posible en este, y también debe manejar los conocimientos generales (entre los que te he citado u otros) que le permitan integrar y relacionar su tema en el contexto, desde una perspectiva sistémica, que es sencillamente ineludible.

Obviamente, amigo rutero, no todo esto puede ser aprendido al mismo nivel en una acción formativa; pero sí se puede aportar lo fundamental de ellas en un modelo formativo integrador, sentando las bases sistémicas y metodológicas y aportando las herramientas para una posterior autoformación permanente, teórica y práctica. Y te lo digo por amplia experiencia, propia y ajena.

¿Tiene sentido asumir y permitir improvisaciones en un contexto de actuación de tanta diversidad y complejidad temática, conceptual y metodológica? Yo no lo creo. ¿Y tú?

“Sea coherente. Si concede importancia y alto significado a la consultoría como servicio profesional de alto valor agregado; si considera al consultor o la compañía como su aliado estratégico; si se siente personalmente comprometido con el proceso y los resultados; si valora justamente como estratégicos estos resultados y está dispuesto a ponerlos en práctica, en fin, si se decide a ser un triunfador utilizando los servicios de consultores competentes y comprometidos con usted, su empresa y su trabajo… pues demuéstrelo incluyendo en sus presupuestos anuales el financiamiento que requieren estas inversiones inteligentes. Se aproxima un nuevo año: es un buen momento. La consultoría, como servicio de alto valor agregado, es en todas partes un servicio caro y hay que pagar lo que vale, pero sus resultados estratégicos valen y justifican ampliamente la inversión”.

 

 


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