Bailando con los vientos de cambio

¡Cuán sencillo nos resulta aferrarnos a costumbres! Un día tras otro, de forma mecánica o casi automática, nos dejamos llevar por nuestras rutinas, sean cuales sean. Rutinas personales, rutinas profesionales, rutinas al fin y al cabo.

Cuando llevamos cierto tiempo haciendo las cosas de cierta manera, nos resulta difícil, por no decir casi impensable que se puedan hacer de otra. Eso está bien para otras personas; tienen costumbres diferentes a las nuestras y nos parece bien. Somos así de tolerantes. Pero nosotros, así estamos bien.

Pasan lo días, los meses, los años, y en la mayoría de los casos ni siquiera nos planteamos si estas rutinas son beneficiosas para nosotros y las personas de nuestro entorno. Simplemente, dejamos que la rueda siga girando, una y otra vez.

En alguna ocasión, algo hace tambalearse nuestro mapa del mundo y nos obliga a cambiar algo a la fuerza. Puede ser un evento impactante, una desgracia, ello depende de cada uno de nosotros porque no todos reaccionamos igual ante los acontecimientos. He dicho reaccionamos, porque también hemos aprendido a reaccionar, casi de forma inmediata a lo que sucede a nuestro alrededor, sin apenas tomar tiempo para analizar y decidir el mejor modo de actuar.

Mientras estoy tecleando, observo a través de los ventanales de la terraza cómo el viento otoñal invita a bailar a mis plantas. Ellas gentilmente han aceptado la invitación y se han sumado a una bella y sugerente danza, la danza del cambio.

Me vienen a la cabeza imágenes y situaciones de pasados vientos de cambio en mi vida. En alguna ocasión acepté la invitación y me uní a la danza, fluyendo y disfrutando. En otras, me resistí de tal forma al cambio, que el viento se hizo más fuerte y me golpeó con fuerza. Por no unirme a la danza, fui barrida bruscamente por el viento, quien de todas formas me hizo moverme hacia otro lado.

Y es que, nos guste o no, queramos admitirlo o no, nuestra realidad es cambiante. Nos haríamos un favor bastante grande si aceptásemos esto y no nos esforzáramos por plantar cara a las cosas que tienen que suceder de forma natural. Sin darnos cuenta, construimos inútiles barreras que no hacen sino complicar nuestra existencia.

Cada una de las acciones que realizamos tiene unas consecuencias, y, tarde o temprano, estas aparecerán, por mucho que nos empeñemos en diseñar una vida a nuestra medida.

Sinceramente creo que en ocasiones nos haría bien, y mucho, dejarnos llevar de forma natural y que el viento del cambio nos lleve donde sea que tenga previsto llevarnos. Quizás si nos relajamos, sea posible evitar muchos de los berenjenales en que nos metemos.

Y ¿quién soy yo para deciros esto? Pues una persona en vías de cambio, porque siempre tenemos la opción de cambiar. Nunca es tarde para hacer las cosas de un modo diferente. Y no es necesario cambiar de forma radical. A veces un pequeño cambio puede marcar una gran diferencia.

Cada día, de un modo u otro, aparecen ante nosotros múltiple ocasiones en que podemos elegir. Y claro está que si queremos que algo cambie, algo tendremos que hacer al respecto.

Esa opción está ahí, a tu alcance. ¿O quieres seguir anclado a tus rutinas?

Prométeme que lo pensarás.

¡Feliz día!


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