¡Permitido copiar!

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Por: Raúl Alguacil Titos

El benchmarking es un proceso mediante el cual las empresas obtienen ideas y recopilan información de utilidad mediante la observación y la comparación con las empresas que integran su competencia para detectar cuáles son sus mejores prácticas.

Los docentes siempre les decimos a nuestros alumnos/as que copiar está muy feo. En ocasiones, es un juego entre el gato y el ratón en el que el objetivo de uno es descubrir la trampa y el objetivo del otro es no resultar descubierto utilizando su ilegal ventaja. Copiar en un examen o copiar un trabajo es considerado como un fraude en el que, además, el alumno resulta perjudicado doblemente; puede ser sorprendido y suspender la materia, y además no aprende algo que le puede ser de utilidad, siendo esto último lo más pernicioso.

Eso en el ámbito académico, pero ¿y en el mundo empresarial? ¿Está permitido sacar una chuleta, dar un cambiazo, consultar internet en un dispositivo o mirar lo que hace el compañero de al lado?

La respuesta es sí. No puedes falsificar un producto o apropiarte de una patente, pero sí puedes detectar qué es lo que mejor hace tu competencia para tratar de sacarle provecho propio. Por ejemplo, puedes adoptar y adaptar una buena estrategia de atención al cliente, de comunicación, de distribución, de precios, o de organización de recursos humanos. Las posibilidades son muchas y estamos rodeados de organizaciones, empresas e instituciones, que hacen muy bien ciertas cosas. Inspírate en ellas.

Emprender no es solo una cuestión de innovación, de creatividad pura. No hace falta que inventar Facebook para montar una empresa. Se trata, en la inmensa mayoría de los casos, de que dotes a tu proyecto empresarial de un factor diferenciador poderoso, algo que te sitúe en mejor posición que tus competidores y hagan que tu producto (bien o servicio) resulte más atractivo para tu potencial consumidor. Recuerda que siempre vendes confianza y utilidad.

Lo cierto es que nos movemos en un mundo enormemente competitivo y en el que las empresas deben adaptarse constantemente a su medio; ello implica que también observen lo que hace su competencia y las empresas y organizaciones de su entorno, pues siempre podemos aprender algo de ellas que nos sea de utilidad y revierta directamente en la calidad del servicio que prestamos.

Habitualmente cuando hablamos de benchmarking se suele distinguir tres tipos:

Benchmarking interno: es el que se produce dentro de una misma organización y se produce en empresas de grandes dimensiones y niveles.
Benchmarking competitivo: es el que toma como referencia a nuestros competidores directos y a las empresas líderes de nuestro sector. Se trata de aprender de los mejores.
Benchmarking funcional: es el que observa a aquellas empresas que no pertenecen a nuestro sector.

Ahora bien, hay algunas cosas que deberíamos evitar para que el benchmarking sea efectivo, al igual que el alumno que copia el examen de otro tiene la precaución de, al menos, poner su propio nombre en el documento que entrega a su despistado profesor/a.

Uno de los errores a evitar, por tanto, es copiar una buena práctica sin adaptarla a nuestra organización, a nuestras singularidades. Lo que le funciona a otro no necesariamente nos funcionará a nosotros. Aspectos como los recursos, cualificación, espacio, organización y cultura interna, o nuestro segmento de mercado, entre muchos otros, deberían ser tenidos en cuenta con carácter previo. Además, nuestra organización debe ser lo suficientemente flexible como para poder asumir las nuevas prácticas.

El cliente, además, debe ser siempre el horizonte omnipresente, la guía de todas nuestras actuaciones. Implementar nuevas estrategias o procesos nunca deberían suponer perder nuestra ventaja competitiva ni quebrar la confianza que ya nos habíamos ganado. El cliente, con el cambio, debe ser el que gane, siendo el que perciba una mejora añadida.

Por último, analiza bien esa buena estrategia que utiliza esa empresa en la que te has fijado. Ten en cuenta las particularidades de esa organización y pregúntate por qué eso que te ha llamado la atención funciona en ese entorno y qué factores lo propician. Podría ser que no pudieras reproducir los factores que contribuyen a su éxito. Tómate tu tiempo de reflexión y análisis y sé exhaustivo.

En resumen, el benchmarking puede ser una fuente de ideas de negocio o de mejora del que ya tienes en marcha. Aprovecha aquello que le funciona a los demás para dar un mejor servicio a tu segmento. Es como si el día del examen el profesor/a te dijera que puedes sacar el libro y además consultar lo que ha escrito ese compañero/a que tan buenas notas saca siempre. ¿A que lo habías soñado alguna vez?


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