Cómo tomar decisiones difíciles

Tomar decisiones difíciles es una fuente de estrés, nos crea inseguridad y nos despierta un sinfín de preguntas ¿te apetece aprender a decidir sin tanta presión?

¿Qué convierte a una decisión en difícil?

Existen distintos aspectos que provocan que, desde nuestra perspectiva personal, una decisión se convierta en difícil. Entre ellos se encuentran:

  • Que las emociones que nos despierten sean fuertes: Cuando una decisión es referente a algo que nos importa muchísimo o sobre el que tengamos experiencias previas que nos hayan marcado significativamente.
  • Que sintamos presión externa: Cuando nos apremian para decidirnos, o nos sentimos presionados hacia una decisión en concreto.
  • Que presumamos consecuencias importantes al respecto: Cuando consideramos que la decisión puede marcar un antes y un después en nuestra vida.
  • Que las opciones no estén diferenciadas en importancia de forma clara: Cuando las opciones son o demasiado parecidas o tan diferentes que la comparación nos parece complicada o difícil de abordar sin equivocarse.

Por lo que podríamos decir que un aspecto determinante en que una decisión nos parezca difícil es el miedo asociado a ella de forma directa o indirecta.

Estudiando las distintas opciones

Cuando una opción es, a nuestros ojos, claramente mejor o peor que la otra, la decisión es más sencilla.

Pero ¿qué me dices cuando esto no queda tan claro?

Opciones que no juegan en la misma liga

A veces nos encontramos ante la disyuntiva de elegir entre varias opciones cuya comparación se convierte en estresante porque o  no se puede valorar de forma efectiva en cuanto a cifras o no disponen de cifras en los mismos aspectos.

En mi caso, por ejemplo: ¿qué es mejor que siga buscando trabajo de administrativa o que me lance a ser copywriter o escritora profesional?

El trabajo administrativo de toda la vida puede tener los días contados teniendo en cuenta las nuevas tecnologías, las apps y la posibilidad de contratar asistentes virtuales… Mientras que el trabajo como copywriter es una nueva profesión que podría no establecerse a la larga, con formación no reglada (por lo que asegurarme una buena formación y CV es complicado) y por la que tal vez tendría unas condiciones laborales en cuanto a cotización o estabilidad a tener en cuenta.

El trabajo como copywriter podría realizarlo desde casa, evitándome el gasto de tiempo y transporte, pudiendo organizar mis tareas y horarios de forma más acorde a mis energías y necesidades personales… El trabajo como administrativa me brindaría más interrelación en persona, tendría más compartimentada mi vida personal y laboral y podría aportarme crecimiento profesional tal vez con menos riesgo.

¿Es mejor elegir en base a la seguridad o la propia naturaleza?

Primordialmente habría que preguntarse si la valoración que estamos realizando de nuestras opciones la está realizando quienes creemos ser o quienes somos en realidad.

¿Cuándo elegí buscar trabajo como administrativa, eran mis miedos los que me empujaron hacia ese camino debido a las escasas posibilidades realistas de ganarme la vida escribiendo de aquella época? ¿O fue el hecho de que era una profesión en realidad mixta, en la que son importantes las cifras y las letras, reciclarse, el trato humano y todas ellas son características que para mí son un plus?

Es muy importante determinar qué papel tiene en ti el valor de la seguridad. Si entre tus valores resulta ser el que sientes más importante, recuerda que siempre podrás tomar esa segunda opción y experimentarla de otro modo. No tienes porqué renunciar a ella al completo.

¿Cómo comparar teniendo en cuenta nuestros valores y naturaleza?

Muchas veces la decisión se complica porque no tenemos demasiado claro qué nos importa y en qué grado. Un aspecto a tener en cuenta es que el ser humano está en continua evolución. Tus experiencias y cómo las interpretes variarán o ampliarán tu relación con tus valores. Conocerlos y actualizar tus impresiones al respecto te ayudará a tener más claro quién y cómo eres y qué y cómo encaja contigo.

Para tener en cuenta nuestros valores es primordial:

  • Apartarnos de qué se supone que deberíamos hacer. Existen muchas ideas preconcebidas de lo que “se espera de nosotros”. A veces es preciso dejar de pensar en qué pensarán los demás de nuestras decisiones y
  • Atrevernos a prestar más atención a aquello que nos mueve, aquello que encuentra energías en nuestro interior cuando nada más lo hace. Esto nos ayudará definitivamente a
  • Conocernos mejor a nosotros mismos, a cualidades que nos distinguen de los demás, a cualidades que nos unen a los demás y que, en cierto modo, nos dan la mano para encontrar o construir nuestro camino. Y el pegamento para conseguir todo esto lo conseguiremos de forma más efectiva si
  • Conectamos con nuestras emociones. Ellas son la clave para conectar con nuestra felicidad, con nuestras capacidades, con personas que supongan un plus, con empresas y puestos de trabajo en los que nos guste crecer, donde no nos importe echar horas porque estaremos alineados con ellas y su filosofía.

¿Qué podemos hacer para elegir con más facilidad?

  1. Desmitificar las elecciones: decidimos a todas horas, varias veces al día. Si bien no es equiparable elegir qué vas a cenar a si este es un buen momento para arrancarte a tener descendencia o a montar una empresa, es indiscutible que ser consciente de que las elecciones forman parte de nuestra vida cotidiana nos ayudará a no darles mayor importancia de la que tengan. Así no las magnificaremos ni nos crearemos estrés de regalo.
  2. Echar un vistazo a todas las decisiones que  hemos tomado favorablemente a lo largo de nuestra vida. A estas alturas ya has tomado una buena cantidad de decisiones. En algunas has acertado, en otras no tanto… algunas no te queda claro si en verdad había una opción mejor y no tienes mucha idea de cómo valorar la experiencia… ¡Las decisiones y la vida son así! No son buenas o malas.
  3. Recordar que todos pasamos por decisiones difíciles, dudar es habitual, no implica que no seamos capaces, seamos más lentos o menos aptos para ello.
  4. Descubrir o recordar nuestra naturaleza, qué nos mueve, motiva, gusta, hace vibrar, como explicaba más arriba. Y otra acción importante, en mi opinión:
  5. Ampliar nuestra perspectiva. En ocasiones no nos paramos a observar con detenimiento las opciones que tenemos. Y, mirando de forma clásica, pensamos que tenemos solo la opción A y la opción B. En mi caso seguir buscando trabajo administrativo o lanzarme a copywriter.
  6. No ponderar en blanco o negro. Tendemos a pensar que debemos elegir entre blanco y negro. Entre esto o lo otro. Bueno o malo… Existen matices. Si no vemos de forma más “colorida”, nos ponemos solos la zancadilla a la hora de tomar decisiones.
  7. Recordar aquellas veces que nos equivocamos en el pasado y reflexionar acerca de sus efectos reales. ¿En verdad ha sido tan desastroso errar o te mostró cómo no hacerlo la próxima vez y, por lo tanto, mejoraste?

Profundizándome en conocerme, atreviéndome a salir de mi zona de confort durante mi búsqueda de empleo me decidí por el voluntariado en Parejas Orientadoras. Y, debido a ello y a ir ampliando aquí y allí esa zona de confort he descubierto más competencias y, por tanto, más opciones. ¡Ya tenía más “material” para elegir! Lo que me llevó a la siguiente pregunta:

Pero ¿verdaderamente tengo que elegir?

No todas las elecciones conllevan una renuncia inquebrantable.  ¡No es necesario añadirle dramatismo! Existen elecciones en las que una evaluación y creación de objetivos inteligentes nos mostrarán que sí que es preciso elegir cómo hacer las cosas, pero no imprescindible elegir entre ellas, quedándonos por unas en detrimento de otras.

Volviendo a mi ejemplo: ¿puedo trabajar como administrativa y, en mi tiempo libre, promocionarme como copywriter? ¡Sí! Además, esta opción me daría el regalo de experimentar ambas opciones, vivir cómo evolucionan y decidir mejor cómo invertir mis esfuerzos y tiempo en ellas.

Ya para terminar, os diré que no existe mejor forma de averiguar si una elección es o no verdaderamente buena, o mejor que otra, es empapándose en ella, experimentándose de forma implicada y ver qué sucede.

Son raras las ocasiones en las que, tras liarla parda eligiendo, no tenemos opción de rectificar y tomar un camino más óptimo. Por lo que no siempre es tan desastroso el hecho de equivocarse.

Si no tomas tus decisiones por miedo, siempre será este el que decida por ti. Y ese mal rollo que te despierta tomar decisiones o sentir que no avanzas como te gustaría, o esas ganas de sentir como “más tuya” tu vida no desaparecerán si no dejas de un lado el temor a equivocarte o el temor a cómo verán los demás tus acciones.

¿Qué me dices, nos decidimos a crear nuestras propias opciones?

Foto: Pixabay.com


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