No gestiones la diversidad. Vívela!

La globalización del entorno es una gran oportunidad, fortalece la diversidad y nos ofrece nuevas preguntas que debemos saber responder. Para ello es necesario, además de aceptar la diversidad como inevitable, que la fomentemos, que consigamos nuevas formas para reconocer, desarrollar y adaptar el talento en nuestras relaciones; nosotros como individuos y nosotros como parte de un colectivo (familiar, social o empresarial).

Como demuestran estudios demográficos recientes, la diversidad es imparable; la diversidad es inevitable, entre otras causas, por el envejecimiento de la población en países desarrollados y en vías de desarrollo, la inmigración, las corrientes culturales, el nuevo papel de la mujer, la aceptación del valor de cada individuo en la democracia, la consolidación de los derechos humanos, el desarrollo de la ideología de género y la conciencia de solidaridad con discapacitados.

Como resultado de las Directivas que la Unión Europea adoptó en el 2000 sobre igualdad y anti-discriminación, la Dirección General de Empleo, Asuntos Sociales e Igualdad de Oportunidades de la Comisión Europea está liderando varias iniciativas para fomentar la gestión y la inclusión de la diversidad en todas las organizaciones -públicas y privadas- con el fin de mejorar la competitividad económica, cumplir con las normativas legales, así como mejorar la calidad de vida profesional y social de todas las personas que residen en la Unión Europea

La creación del “Charter de Diversidad – España” se enmarca dentro de las Directivas de anti-discriminación de la UE y tiene como objetivo fomentar prácticas de gestión e inclusión de la diversidad en las empresas e instituciones españolas (de todo tamaño y de todos los sectores), así como en entidades públicas (a nivel nacional, regional y local), como eje estratégico para su mayor eficacia y competitividad.

La diversidad no es sólo el color de la piel, las creencias religiosas o el sinfín de factores endógenos y exógenos que nos acompañan (sexo, edad, orientación sexual, estilo de vida, etc.). En dos décadas, España se ha convertido en una sociedad diversa. Basta recorrer las calles céntricas de las ciudades para constatarlo. Nuestras relaciones personales y profesionales están recibiendo el impacto de esta diversidad. Pero, ¿somos conscientes de su importancia y de su inevitabilidad?

En nuestro entorno cotidiano, mapa vital diario o vivencias micro, como queramos denominarlo, nos encontramos ejemplos reales, personales y profesionales, de la emergencia y el impacto de la diversidad en nuestras relaciones con “el otro”:

  • La generación denominada como los  Millennials
  • Mujeres como jefas, directivas y/o empresarias
  • Inmigrantes como vecinos o compañeros de trabajo o como amigos de nuestros hijos
  • Modelos familiares no tradicionales
  • Envejecimiento de la población pero con alta actividad social y de consumo
  • Proveedores de servicios básicos con formación universitaria

Junto a esta diversidad visible, objetiva casi, es preciso tomar conciencia de que existen otros rasgos o características que componen lo que algunos denominan diversidad de capital humano: Las diferencias entre los miembros de un grupo en cuanto a sus conocimientos, habilidades y destrezas;  donde reside verdaderamente el valor que las personas aportan a sus relaciones sociales.

Los límites del mundo son personales, y cada uno se los marca con sus conocimientos. Hoy, para subsistir con una cierta puesta al día, debemos asumir que una parte muy significativa de todo lo que sabemos está cambiando. Y que esto sólo es el inicio de la democratización universal más trascendente: la del conocimiento.

Jim Rohn, ya fallecido, acuñó la frase “You are the average of the five people you spend the most time with; es decir, eres el promedio de las cinco personas con las que inviertes la mayor parte de tu tiempo.

Como consecuencia, en parte, de los factores sociodemográficos mencionados, se están produciendo cambios en los sistemas de valores de la sociedad. La convivencia con otras culturas a causa de la inmigración o la generalización del acceso a la información, que permite conocer situaciones y estilos de vida diferentes, han promovido una mayor apertura en la sociedad. Los valores más tradicionales de estabilidad, seguridad, homogeneidad, etc. están dejando paso al cambio continuo y la diversidad como nuevos valores sociales; también, es verdad, al individualismo y/o egocentrismo como mecanismo fácil, y no enriquecedor, de reacción a la diversidad “que nos invade”.

No cabe duda de que la gestión de la diversidad es, de forma buscada o no, uno de los retos más importantes de los últimos tiempos en nuestras relaciones personales y profesionales.

A mi modo de ver, la diversidad en las relaciones surge por una doble motivación: por necesidad o por deseo. Tanto en un caso como en otro (ambos claramente positivos), la diversidad es un “hecho inevitable”. Pero, ¿cómo podemos procurar, a nivel personal, una adecuada gestión de la diversidad?

Te propongo una aplicación, personal y/o profesional, del Modelo para la Gestión del Cambio al empeño de una vivencia enriquecedora de la diversidad:

1.Estrategia: Te aseguras de que todas tus habilidades relevantes y tus conductas para la gestión de la diversidad las aplicas de forma coordinada hacia un mismo fin: Optimizar el esfuerzo en la vivencia del cambio.

2.Liderazgo: Diriges la trayectoria del cambio verificando constantemente que el rumbo del proceso va en la dirección correcta. Ayudas a crear una “Visión compartida” por todas las partes implicadas.

3.Sentido de “mi proyecto”: Si alcanzo a tener el sentido de propiedad, entonces creeré en las iniciativas para el cambio. Podemos pasar de ser oponentes a partidarios si nos involucramos en el proceso: Enfocar abierta y proactivamente mi resistencia al cambio.

4.Realización: Debes aportar los medios y recursos necesarios para que se materialicen tus proyectos de cambio, enfocar la diversidad a un nivel práctico y concreto. Diseñar, desarrollar e implantar una serie de actividades y conductas para facilitar el cambio en tus relaciones con el otro “diverso”.

“La receptividad social del cerebro nos obliga a ser sabios y a entender no sólo el modo en que los demás influyen y moldean nuestro estado de ánimo y nuestra biología, sino también el modo en que nosotros influimos en ellos.

La influencia biológica pasajera que una persona tiene sobre otra nos sugiere una nueva dimensión de la vida bien vivida: comportarnos de un modo que resulte beneficioso, aun a nivel sutil, para las personas con las que nos relacionamos”.

Daniel Goleman

“Inteligencia Social. La nueva ciencia de las relaciones humanas”


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