El Ser no es, se construye

Se dice que ser social es la expresión concreta que resulta de la interacción entre el individuo, su entorno natural, la cultura en la que nace y las instituciones que le vienen dadas, en las cuales se desarrolla a lo largo de un ciclo temporal. Este construirse parece ser el sentido de la experiencia humana: pasar de la abstracción a la concreción; de sentirse etéreo a materializarse físicamente; de lo innombrable, de lo incomprensible, de lo misterioso, a la forma.

El individuo es, así, un proyecto social. Se hace por una voluntad y una intención de la sociedad que lo impulsa. El fundamento de la sociedad está en permitirse expresarse, en definirse, en configurarse, y esto lo hace a través de la construcción o formación de las individualidades. Siempre adoptamos la misma perspectiva para definir lo que es sociedad: el efecto que resulta de la acumulación de los individuos, de sus voluntades, de sus acciones, pero, lo que se pretende aquí es alcanzar la perspectiva de que la realidad social humana es un concepto abstracto que proviene del mismo origen que el concepto de realidad: lo que es ya existe, su expresión es lo que parece estar continuamente adquiriendo forma; sus formas pueden variar pero esencialmente lo social es un principio de lo que llamamos realidad; lo social se encuentra formando parte sustancial de ésta; es una cualidad propia de la realidad, un principio de la vida.  Por eso se concreta, por eso se busca, por eso adquiere una forma. La vida para manifestarse hace uso de la fórmula social. Por eso decimos que la persona es cuando vive en sociedad, y ella nace cuando la vida se manifiesta. La vida es, también, un principio de la realidad, como es, desde la perspectiva de la inteligencia, lo que llamamos lo inerte.

Así resulta que la sociedad construye a sus individuos. En este construir expresa su potencia, su capacidad de expresión múltiple, sus dones creadores. Si lo social es un principio de la realidad, un patrón que no se discute porque se manifiesta indiscutiblemente en todo espacio-tiempo ¿por qué  su permanente inestabilidad?

La realidad social, vista históricamente, parece adquirir la forma que en un determinado espacio temporal se requiere para servir a un devenir determinado. Lo que quiero decir es que si bien existen patrones por donde se expresa “lo que es ”, “lo que existe”, la concreción, la materialización de la realidad puede adquirir múltiples y diferentes expresiones: la realidad se comporta como una masa arcillosa, en movimiento permanente, que adquiere cualidades según sean “las manos” que la toquen; los “factores” que se conjuguen; las “intenciones” que predominen; la conciencia que se tenga de su trascendencia; la voluntad creadora consciente y la responsabilidad que se asuma.

Porque, si bien hablamos de lo social como un principio de realidad, como un patrón, no decimos que lo social sea el único patrón de lo real. Descubrir o redescubrir los patrones, las leyes que están permanentemente en juego en la existencia es  presentir, intuir, que ninguna acción u omisión, ninguna, es intrascendente, todas, absolutamente todas, construyen una expresión de realidad, y cuánto más complejas estas acciones sean, más densa será la expresión que la realidad adquiera.

También hablamos de que la realidad social construye al individuo, pero falta cerrar esta frase. Esa realidad social es, asimismo, construida por ese ser que ella ha hecho social, como consecuencia de haberle transmitido las cualidades que ella aporta; cualidades que han condicionado, también, su forma de expresión y sus aportaciones.

Luego, la voluntad de construcción social, aparentemente y como realidad, será expresada por la criatura humana, puesto que ella es parte del principio de realidad, y parece que su expresión más acabada en esta realidad de tres dimensiones, con capacidad creadora suficiente como para ser un creador con intención y voluntad para propiciar que ésta se manifieste en esas múltiples y diversas formas que es capaz de ser.

Por tanto, si el ser humano asume ese papel, asume la responsabilidad de todo creador: aceptar lo que ha creado; vivir las consecuencias de su creación; ser identificado a través de su criatura y confundirse en ella. Lo creado y su creador son expresiones idénticas en un instante de la vida en permanente evolución.

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Licenciada en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Alicia Montesdeoca es consultora e investigadora, así como periodista científico. Coeditora de Tendencias21, es responsable asimismo de la sección “La Razón Sensible” de Tendencias21.

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