Entre lo tecnológico y lo humano

Cada vez estamos más, cómodamente, rodeados y expuestos a la tecnología pero también parece que poco a poco vamos siendo sustituidos por nuestras propias creaciones.

En un tiempo en el que encontrar trabajo es una labor bastante ardua vamos viendo que el mayor desarrollo tecnológico está haciendo que plantillas enteras, como en algunas plantas de producción se estén mecanizando al completo. Ya no necesitan a personas para ciertas funciones y la tendencia es que los inventos nos vayan invadiendo en cada vez más áreas de nuestra vida.

En muchos casos esto es positivo, las comunicaciones actuales fluyen a la velocidad del wi-fi y podemos evitar esperar al mensajero que te traiga la misiva o el pergamino lacrado como antaño. Además tenemos mayor información al alcance de un click. Y en otros casos más específicos, muchos han podido disfrutar de esos avances importantes en el campo de la medicina por ejemplo, y hay que admitir también que muchas máquinas ahora hacen el trabajo duro, ya no podríamos vivir sin una lavadora pero tampoco se podrían fabricar muchas cosas sin muchos artilugios informatizados, ni nadie podría imaginarse una oficina sin un ordenador en la mesa.

Pero ¿qué ocurrirá con el “hecho a mano” o “casero” o el “trato directo al cliente”? Está claro que seguiremos necesitando a personas para que sigan haciendo algunas de esas cosas o incluso otras, porque deberemos aprender a realizar otras tareas que incluso ahora aún no sabemos. ¿En qué trabajarán en el futuro los estudiantes de hoy?

Poco a poco deberemos especializarnos, adaptarnos a otras necesidades y adquiriendo nuevos conocimientos porque habrá que centrarse en el potencial y cualidades que podemos desarrollar de la mejor y más eficiente manera, siendo siempre productivos obviamente. Encontrar la sinergia perfecta.

Por lo tanto, hay que mirar hacia el futuro no con miedo o resignación sino con creatividad e ingenio, empezando desde ya a redirigir nuestras carreras o moldearlas en función de nuestro entorno. La globalización es un fenómeno que llegó a nuestras vidas y parece que nos empuja a otro tipo de vida, tanto a nivel personal (otro tipo de relaciones, de consumo…) y a nivel profesional, por lo que conlleva a nivel de mercados, competitividad y tipología de trabajo.

Por esta razón, hay quienes ya plantean que los niños comiencen desde el colegio a estudiar programación, ya que será uno de los lenguajes del futuro, al igual que nosotros estudiamos inglés, porque era algo que iba a ser necesario para desenvolverse mejor en un mundo tan global, el que es ahora.

Todo esto parece tener sentido, es lo que conlleva la evolución, nuevas tecnologías surgen casi cada día sin dejar de asombrarnos, y no dejamos de pensar en todo lo que podremos hacer dentro de poco. Sí, en poco tiempo, porque si algo caracteriza nuestro momento es la rapidez, todo se hace rápido, todo se necesita rápido, y incluso sentimos que los días y años pasan muy rápido. Hay que hacer muchas cosas y la inmediatez es imprescindible.

¿Es siempre buena esa aceleración vital? ¿Nos ayuda tanto la tecnología como creemos?

 

Pues por un lado, la tecnología es muy práctica, sí pero por otro… como todo también tiene sus problemas o inconvenientes, como suele pasar, si se usa sin control.

Personalmente no me gustaría vivir en un mundo deshumanizado lleno de máquinas casi autosuficientes tal y como aparece el planeta en muchas de esas películas futuristas. Hay una esencia humana que debería preservarse en todos esos ámbitos en los que cada vez queda menos de lo natural, como en las relaciones personales (hay quienes sólo miran al móvil y no a los ojos de las personas que sí están a su lado) o en la producción de alimentos (sabemos que cada vez comemos más porquería artificial camuflada en nomenclaturas ininteligibles) y a otros niveles seguro que también habréis debatido sobre cómo han cambiado las cosas.

Quizás no podamos reducirlo todo a jugar todo el día a la videoconsola o a la tablet en lugar de estar con amigos, pero para poder hacer uso de muchos de las máquinas que usamos deberíamos hacerlo con sentido común y no con adicción ni locura.

En algunos casos, pueden darse incluso conflictos éticos o como hemos visto en lo laboral puede traer consecuencias futuras inciertas. ¿Estamos suficientemente preparados? Para usar tecnología más evolucionada, ¿no deberíamos estar nosotros también más evolucionados?

Además la dependencia total a algo a veces trae otros problemas, porque… ¡¿qué hacemos si se va la luz?!

 


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