Padres autónomos


EMPRENDER

Por: Sandra Romero

 

Emprendí en 2013 compaginando mi proyecto con mi empleo y con dos hijas muy pequeñas. Se me revuelven las tripas cuando escucho que la solución para conciliar es que las multinacionales cierren en España a las seis de la tarde. La señora ministra se ha olvidado del comercio y de los autónomos.

A mí me gusta mucho ser mujer y creo que también me hubiera gustado haber nacido hombre. Cada cosa tiene su aquel. Lo cierto es que hace 45 años que nací, pasé los primeros 31 años de mi vida pensando en mi formación y mi profesión y a partir de los 32 empecé a escuchar mi instinto de madre. Por eso, cuando escucho la palabra #conciliar se me remueven las tripas y el alma. Y a mi costillo le pasa lo mismo.

Tenemos dos hijas. Una de doce y otra de nueve. La de doce me enseñó a ser madre y la de nueve perfeccionó la técnica. Aprendí con ellas que yo no podía trabajar en la redacción de un periódico doce horas al día para pagar a alguien que las cuidara. Así que abandoné el periodismo activo y entré a trabajar en la Administración como interina. En horario de ocho a tres. Creía yo que esa era la panacea.

Pero hay gente que no hemos nacido para eso. Y fue entonces cuando decidí emprender. Durante los primeros 15 meses compaginé mi trabajo con mi proyecto y mi vida de madre, amén de las tareas propias que exige una vida medio organizada: limpieza doméstica, lavadoras y comidas varias. En fin…

En 2013 viví lo que no significa #conciliar en carne propia: trabajaba de ocho a tres;  de tres a cinco era emprendedora; de cinco a diez de la noche era madre  y de diez de la noche hasta la madrugaba robaba horas al descanso porque estaba convencida de que mi franquicia on line saldría adelante.

Así viví quince meses. Los más duros de mi vida. De toda mi vida. Hasta que mi emprendimiento dio frutos y empecé a vislumbrar la posibilidad de dejar mi trabajo como interina. Cosa que hice en 2015.

Por eso digo que cuando escucho a algunos políticos hablar de #conciliar se me remueven las tripas y el alma. En el país de las 16 semanas de maternidad, de las jornadas partidas y del cierre de los centros comerciales a las diez de la noche, parece que la única medida justa para conciliar es pactar con las multinacionales para que echen el cierre a las seis de la tarde, como en el resto de Europa.

La ministra Fátima Báñez se olvidó por ejemplo de los autónomos  o de los que trabajan en comercio. Se olvidó del cincuenta por ciento de la población española, pero sobre todo se olvidó de las madres. Y de los padres. O no tiene hijos o no ha sido autónoma en su vida.