Las competencias y el desarrollo profesional

En un entorno cambiante como el actual, en el que lo único cierto es la transformación acelerada a nivel tecnológico y social, las carreras profesionales se ven afectadas sobre los caminos a elegir en relación con las competencias y capacidades necesarias para continuar avanzando.

Esa inversión en formación lleva a muchos profesionales a concentrar toda su energía para conseguir que el trabajo quede bien hecho. Sin embargo, otros apuntan a caminos distintos.

Un reciente estudio de Carol Dweck y sus colegas de la Standford University, citado en el libro de Travis Bradberry que sirve de referencia a este artículo, obtuvo resultados muy interesantes al analizar el comportamiento de dos grupos de profesionales. Al primero se le formó exclusivamente en técnicas para ejecutar de manera correcta una tarea que antes realizaban de forma deficiente. Al otro grupo se le aplicó un modelo de intervención distinto en relación con la tarea ejecutada de manera deficiente; en concreto, se les enseñó a que no se vieran atascados por dicho motivo, y que aprendieran, que abrieran su mente. Descubrieron que el aprendizaje produce cambios fisiológicos en el cerebro, de la misma forma que el ejercicio actúa en los músculos. En definitiva, creer en sí mismos y hacer que las cosas ocurrieran.

Más aún. La actuación de los grupos fue objeto de evaluación unos meses después y el resultado fue más sorprendente aún. El grupo que había sido entrenado para realizar la tarea de forma correcta presentaba los peores resultados. Por el contrario, el grupo que había sido entrenado para comprender que tenían el poder de cambiar su cerebro y mejorar la actuación realizada por ellos mismos, obtuvo unos resultados mucho mejores en la evaluación.

El aprendizaje no se debe detener nunca. Aprender es tan importante como cada fracción de aquello que se aprende. La creencia en que una persona puede mejorar por sí misma y hacer cosas en el futuro que van más allá de sus posibilidades actuales, no sólo es excitante, sino tentadora.

No obstante, las personas tienen un límite temporal y por ello, deben centrarse en el aprendizaje de aquellas competencias y capacidades que pueden producir el mayor beneficio.

Este artículo pasa revista a las 9 competencias que pueden facilitar la elección dirigida a obtener los mejores dividendos profesionales y lo que aportan para mantener el aprendizaje activo a lo largo de la vida. Una referencia fundamental para las escuelas de negocios.

La Inteligencia emocional (IE) es aquello que se encuentra en cada uno de nosotros y que afecta a la forma como se gestiona el comportamiento, se hace frente a las complejidades sociales, y se logra que las decisiones personales alcancen resultados positivos. En definitiva,  la capacidad que tienen las personas para reconocer y comprender emociones propias y de los otros; y al mismo tiempo, la habilidad para utilizar esa conciencia para gestionar el comportamiento propio y las relaciones  con los demás. Décadas de investigación señalan a la IE como el factor crítico que clasifica a los gestores “estrella” del resto. Es una forma poderosa de concentrar la energía personal en una sola dirección, y ello con resultados formidables.

La Gestión del tiempo. “La tiranía de lo urgente” incide en la gestión efectiva del tiempo del profesional. Las pequeñas cosas que se tienen que hacer necesariamente se convierten en lo único que realmente termina siendo importante. Cuando se sucumbe a ésto, se pasa más tiempo apagando fuegos que finalizando un trabajo real. Aprender a gestionar el tiempo de manera efectiva libera al profesional para realizar su trabajo al nivel más elevado posible, y además hacerlo cada día de su vida. Es una competencia clave.

La escucha. Esta competencia debería ser fácil. La escucha significa centrarse solamente en aquello que la otra persona está diciendo. Tiene mucho que ver con la comprensión, no la refutación. Además de las palabras habladas, existe información de gran valor que se debe descifrar por el tono utilizado, el lenguaje corporal e incluso, lo que no se dice. Sin embargo, en numerosas ocasiones, se piensa que se está escuchando, pero lo que realmente se hace en ese momento es planificar lo que se va a decir a continuación. Esta competencia, sin duda fundamental, sirve para aprender cómo suspender el juicio subjetivo y concentrarse en entender el punto de vista de la otra persona.

Decir no. Cuando un profesional tiene dificultades para decir no, también presenta mayor probabilidad de experimentar estrés, burnout (síndrome de estar quemado) e incluso depresión. Decir que no es un reto principal para mucha gente.  Cuando hay que decir no, se deben evitar frases como “no lo creo”, o “no lo tengo seguro”. Decir no a un nuevo compromiso refuerza los compromisos ya existentes y ofrece la posibilidad al profesional de cumplirlos de forma exitosa. Cuando se aprende a decir no, el profesional se libera de las restricciones innecesarias y libera tiempo y energía para las cosas importantes de la vida. Una competencia fundamental.

Pedir ayuda.  Puede parecer contrario a la intuición sugerir que pedir ayuda es una competencia profesional, pero realmente lo es. Supone una enorme cantidad de confianza y humildad admitir que se necesita ayuda. Esta competencia es, además, crítica porque reconocer cuando se necesita ayuda, junto al coraje para solicitarla y llevar a la práctica los contenidos obtenidos, es fundamental.

Conseguir un sueño de calidad. Siempre se ha sabido que un sueño de calidad es bueno para el cerebro. Un estudio de la University of Rochester demostró cómo. Cuando se duerme, con calidad de sueño, el cerebro elimina proteínas tóxicas, que son subproductos de la actividad neural cuando se está despierto, de sus neuronas. Cuando no se tiene un sueño de alta calidad y profundo, esas proteínas tóxicas permanecen en sus células cerebrales causando estragos y actuando de forma negativa sobre la habilidad para pensar. Esto ralentiza la capacidad para procesar información y resolver problemas, destruye la creatividad y aumenta la reactividad emocional. Aprender a conseguir un sueño de alta calidad de manera regular es una competencia compleja de aprender y desarrollar, pero permite obtener importantes dividendos profesionales.

Aprender a callar. Seguro, un profesional se puede sentir muy bien al descargar sobre alguien y hacer ver a los otros lo que piensa realmente. Sin embargo, ese sentimiento es temporal. Criticar en privado, felicitar en público. Si, es una máxima a implementar, pero tampoco asegura el éxito.   Cuando el profesional lee y responde a sus emociones es capaz de elegir sabiamente qué batallas son las que debe participar. La amplia mayoría del tiempo esto significa la capacidad para morderse la lengua propia. Muy efectivo.

Tomar la iniciativa. La iniciativa es la competencia que puede llevar al profesional muy lejos en la vida. En teoría, la iniciativa es fácil, el deseo de adoptar una acción siempre está ahí, pero en el mundo real, suelen ocurrir otras cosas. Hay una gran diferencia entre saber qué hacer y estar muy asustado o perezoso para actuar realmente. El profesional que posee esta capacidad tiende a asumir riesgos, abandonando su zona de confort.

Mostrarse positivo. Todos recibimos el mensaje de buena voluntad de estar siempre “positivos”.  Cuanto mayor es el reto adquiere una mayor importancia ser positivos.  La competencia enseña a distinguir entre la ilusión y lo positivo. El cerebro humano está preparado para centrarse en las amenazas. Un mecanismo de supervivencia que ayudó a la humanidad de cazadores y recolectores, que sufrían a diario la amenaza de muerte por alguien o algo en su entorno más próximo.

Esto ocurrió hace mucho tiempo. Actualmente, este mecanismo alimenta pesimismo y negatividad derivado de amenazas que llevan a pensar que las cosas van mal. Si la amenaza es fruto de la imaginación y el profesional pasa varios meses convenciéndose que el proyecto en que está trabajando acabará siendo un fracaso, el mecanismo de supervivencia lo deja a uno con una visión agrietada de la realidad que hace añicos la vida misma. Sin embargo, cuando la amenaza es real, el mecanismo ayuda al profesional y se convierte en una valiosa competencia. Mantenerse positivo es un reto diario que requiere atención y concentración si se supera la tendencia del cerebro a concentrarse sobre las amenazas.

Estas competencias se adquieren, se desarrollan y se llevan a la práctica por los profesionales que ocupan posiciones de liderazgo en sus empresas y sectores. Pero deberían estar en práctica para todos los trabajadores. El sistema educativo desde etapas tempranas tendría que prestar atención a estas capacidades. La búsqueda de talento en nuestro tiempo se encuentra orientada por estas coordenadas. Los head hunters evalúan actitudes, comportamientos y resultados para medir en sus candidatos estas competencias. La lección más importante es que, al igual que las competencias técnicas, estas capacidades transversales se pueden aprender.

 

Tomado de: Travis Bradberry, 9 skills you should learn that pay dividends forever, Emoptional intelligence 2.0

Elías Amor Bravo, Presidente AFEMCUAL*

* AFEMCUAL es la Asociación Española para el Fomento de las Políticas Activas de Empleo y las Cualificaciones

 


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