Atrévete a ser diferente

Si no nos distinguimos del resto, nos volvemos invisibles.

Incluso, a niveles más cotidianos, el asunto de diferenciarnos está ahí, siempre vigente a nivel subconsciente. ¿Recordás lo que sentiste esa ocasión en que ibas estrenando un atuendo, bajo un sol radiante que llenaba de luz el día, orgulloso de mostrarte al mundo con una ropa tan espectacular que debería lanzarte casi que a las pasarelas de la alta costura en Madrid, Nueva York o Milán, tan solo para llegar a la esquina y toparte con alguien más que llevaba una ropa igual a la tuya?

Voy a especular, por supuesto en buen rollo. Seguramente la educación formal nos obligó a empezar a ser iguales. La intención era la mejor, el asunto es que había que estudiar y hacer los deberes y tareas de la misma forma, los exámenes eran iguales para todos, quizá nos educaron de forma que lo que decía el profe era santa palabra ¡y que ni se nos ocurriera equivocarnos! Castigados y con puntos menos en la nota final.

Luego, llenos de heridas y rasguños, pero vivos, llegamos al mercado laboral. ¿Y adivinan qué? El mismo formato de currículum, las entrevistas de RRHH midiéndonos a todos por igual, y una vez que sobrevivíamos a esos procesos de selección, pasar a estar bajo el mando de un tipo que nos trataba a todos por igual y, seguramente, nos cortaba las alas de la creatividad.

Quizá por eso la siguiente vez que vimos a alguien en la calle que andaba con la misma ropa, nos valió un pepino. Quizá por eso, ahora nos vale un pepino involucrarnos, comprometernos, mejorar, diferenciarnos. ¿Pa’ qué hacerlo? Es más cómodo estar acá donde estamos.

Todos vinimos a la vida ya diferenciados. Tanto si crees en un Ser Superior o se lo dejás a un capricho del inerte destino, no hay forma alguna en que seás de la misma forma que otra persona. ¡Ni tus huellas digitales lo son! Siendo las cosas así, ¿para qué luchar contra vos mismo?

Ya escribimos al principio sobre lo importante de la diferenciación. Pero ahora vemos que es muy necesaria, para no ir por la vida deambulando sin rumbo fijo. Necesitamos atrevernos a ser diferentes nuevamente, sin miedo al error, sin miedo al qué dirán, sin miedo a nuestros complejos. Para empezar a elaborar un plan diferenciador, comparto tres palabras que considero claves y que encontré recientemente en un artículo de Jeffrey Pfeffer, académico, escritor e influenciador estadounidense en temas de Gerencia y Negocios. Hacelas tuyas:

  1. Coraje
  2. Enfoque
  3. Ambición

Siempre las he leído, pero hasta que las puse en ese orden luego de leer el artículo del profesor Pfeffer les encontré sentido. ¿Lo podés ver?  Cuando te disgustés con tu inconformidad, vas a tener el coraje de ponerle un alto a esa situación.  Y entonces vas a poder enfocarte, a ver cómo salís de ahí y cómo lo vas a hacer. Pero además, te vas a volver ambicioso, porque al tener coraje y enfoque no hay forma de que perdás en tu atrevimiento de ser diferente, entonces conforme avancés vas a querer más y más.

Ese trabajo, ese negocio, ese producto, esa persona que nos gusta, está a tan sólo una diferenciación de distancia. ¿Nos animamos?   

 

 

 


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